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11 de Diciembre del 2018

SU PRIMER MINISTERIO ES EL HOGAR

Se trata de un alto privilegio que conlleva una gran responsabilidad. Una mujer puede ser de gran ayuda y bendición o puede causar grandes dificultades a su cónyuge en su ministerio.

  • SU PRIMER MINISTERIO ES EL HOGAR

Por Carmen Valencia de Martínez

Si queremos ser una ayuda idónea en el ministerio del esposo, el pastor, debemos tener un equilibrio de esposas y madres cristianas bien marcado, pues nuestro hogar es la plataforma desde la cual nos proyectamos a hacer la obra de Dios. ¡Tengamos en cuenta que hay una viña que debe ocupar un lugar especial en nuestro corazón!

Somos ejemplo de vida en medio de la congregación, por eso hay que ejercer mucha sabiduría en nuestras decisiones, considerando todos los elementos involucrados. Como esposa de pastor, debemos saber que la relación con nuestro esposo y con nuestros hijos es el mensaje más importante sobre la familia que la iglesia recibirá.

Lo más estratégico que un pastor puede hacer para estimular que haya matrimonios y familias vigorosas en la iglesia es presentar un modelo fuerte; nosotras, como esposas de pastor, tenemos una parte fundamental en esta área; somos llamadas por Dios a cumplir una función difícil, pero a la vez llena de satisfacción y regocijo. Piense en lo que Dios nos enseña por medio de Su Palabra; en Proverbios 14:1, leemos: “La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba”.

Se ha dicho que la mujer tiene ochenta por ciento de responsabilidad en la tarea de edificar un hogar. El proverbista nos dice en el versículo citado que la mujer sabia es la que puede edificar su casa; en otras palabras, la mujer sabia es aquella que logra dar estabilidad a su hogar por medio del proceso. Note lo que dice el verso: “la mujer sabia edifica su casa”. Cuando una persona quiere edificar, debe hacerlo por partes; edificar es un proceso que requiere esfuerzo y perseverancia, y no se hace de una vez, sino que se va realizando poco a poco.

Cuando alguien inicia cualquier construcción, no se queda en un mismo nivel, sino que va avanzando en altura según su labor y creatividad; de la misma manera, nosotras, cuando edificamos, crecemos a la par de nuestra edificación. Y como somos mujeres de Dios, que tenemos sabiduría del cielo y que construimos constantemente, habrá dentro de nuestras vidas un crecimiento, un avance; iremos dejando las cosas infantiles y alcanzaremos la madurez. Así, seremos como esa mujer sabia que ha conocido que el principio de la sabiduría es el temor del Señor (conforme Proverbios 1:7; 2:6)

EL VALOR DEL HOGAR

El hogar es más que un hotel donde se pasa la noche, más que un restaurante donde nos alimentamos, más que una lavandería donde se lava y plancha la ropa. Todo lo anterior es importante, pero más que eso, el hogar es un refugio que ofrece protección contra toda tempestad de maldad e inmoralidad y contra la avalancha de adulterio. El hogar es un oasis en este desierto llamado mundo. ¡Qué gran responsabilidad tenemos de cuidar esta riqueza sagrada que Dios nos ha otorgado llamada hogar!

El hogar es el lugar donde se preservan, se inculcan y se transmiten los verdaderos valores. En cuanto a potencial de formación, el hogar es el sitio donde se cultiva a los futuros seres de la sociedad. La iglesia es importante, el colegio es importante, pero estas instituciones solo ayudan a fortalecer lo que en el hogar hemos sembrado, pues el hogar siempre estará sobre cada institución de formación.

Como mujeres que amamos y servimos a Dios, somos llamadas a presentarle a la iglesia el desarrollo de un matrimonio que honra y sirve a Dios. No hay hogares perfectos, pero si en cada esposo y esposa hay un corazón lleno de amor sacrificial y de perdón, ese hogar saldrá siempre adelante.

Un consejo: en la medida que caminemos con integridad en nuestro hogar y honremos a Dios por medio de nuestro matrimonio y de nuestra relación con nuestros hijos, recordemos que nuestro hogar será un sermón visual que las ovejas del rebaño verán con agrado y que nunca olvidarán.

LA PRIMERA RESPONSABILIDAD

Como esposas de pastor, Dios nos ha llamado para ser bendición, gran ayuda y apoyo íntimo de una persona que le sirve a Él: el pastor de la iglesia. Nuestro deber es ser su respaldo, ya que, como parte de su vida y ministerio, debemos ser el complemento idóneo para él, porque a la par que esposas, somos amigas, confidentes y apoyo.

Sobre todas estas cosas, y reconociendo que nuestro primer ministerio se encuentra en el hogar, una parte principal de nuestro llamado es estar al lado de nuestros esposos, brindarles en todo momento nuestra compañía y ser consuelo en momentos difíciles. Es mi deseo, tanto para usted como para mí, que nuestros hombros sean siempre el apoyo para que él pueda recostarse cuando se sienta cansado y agobiado.

Además, la esposa del pastor es llamada a pagar un precio en oraciones por ese siervo que es su esposo. El enemigo está al acecho y procura siempre atacar a los dirigentes espirituales para desmoralizar a los creyentes. Su táctica de guerra siempre consistirá en dispersar a las ovejas provocando un gran daño sobre el pastor de ellas. Esa fue la táctica que usó con nadie más y nadie menos que nuestro Señor Jesucristo, como la Biblia lo indica en Mateo 26:31, en que leemos: “... Todos vosotros os escandalizaréis de Mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas”.

Son varias las formas en las que el enemigo trata de atacar los hogares de quienes están al cuidado del rebaño del Señor:

• El descuido del pastor. En ocasiones el pastor descuida a su esposa e hijos por estar ocupado en el ministerio, dando lugar a la frustración y la amargura.

• La insensatez de la esposa. Algunas esposas han logrado que sus esposos abandonen el ministerio por insensatez, al no tener la sabiduría de Dios para edificar su casa.

• La avaricia. Otras esposas han hecho que su esposo abandone el ministerio para dedicarse a otra actividad que consideran más lucrativa o de mayor prestigio, pero eso no logra hacerlos felices, porque en el fondo se sienten fracasados y hay un enorme sentido de culpa, aún más cuando Dios nos asegura que Su llamado para los pastores es irrevocable (Romanos 11:29).

Lo más triste y grave es que los problemas de la pareja pastoral trascienden sus fronteras íntimas y tienen repercusiones en la congregación que ministran. Así que cuando la relación matrimonial es débil e inestable, de manera inconsciente ese problema se irá volcando sobre la iglesia, y en muchas ocasiones sobre los mismos hijos. Además, hay esposas que en vez de contribuir con el avance y el progreso del ministerio de su esposo, se constituyen para el corazón de ese siervo de Dios en un obstáculo que impide que alcance la mayor realización de ese ministerio que le ha sido encomendado.

Por tanto, cada una de nosotras como esposas de pastor debemos preocuparnos por propiciar un ambiente muy favorable en nuestro hogar para que nuestro esposo pueda compenetrarse en la gran labor del ministerio, como lo es su vida de oración y de estudio de la Palabra. Pero también cultivando nuestra vida como esposas, primeramente, honrando a Dios y siendo fieles a nuestros esposos.

Si él es feliz a nuestro lado, si su corazón está confiado en nosotras, si le damos bien y no mal todos los días de su vida, indudablemente la iglesia tendrá un pastor que libremente y sin estorbos podrá ejercer su ministerio bajo la dirección del Espíritu Santo. Así, Dios hará reverdecer Su ministerio por medio del siervo con quien nos hemos casado.

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