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30 de Mayo del 2019

EL SIGNIFICADO DE LA HUMILDAD

La humildad es una característica propia de las personas modestas que no se sienten más importantes o mejores que los demás, independientemente de cuán lejos hayan llegado en la vida. Es una virtud atribuida a quien ha desarrollado conciencia de sus propias limitaciones y debilidades.

  • EL SIGNIFICADO DE LA HUMILDAD

“Cuando una persona sigue la ruta de la humildad, nunca la puede proclamar”, dijo el reverendo Luis M. Ortiz, fundador del Movimiento Misionero Mundial (MMM), en la enseñanzas para anunciar el lema de 1990 y que, precisamente, era Humildad.

“Aquel que dice que es manso y humilde de corazón, en ese mismo instante estaría negando que lo es. Porque cuando uno es manso y humilde, no lo proclama. Estas son virtudes que no se pueden sonar como trompetas, sino que se viven”, agrega.

La humildad, como valor cristiano, es algo importante para el creyente, pero la mayoría de los seres humanos no entendemos la importancia de esto y algunos confunden esa palabra, señala por su parte el reverendo Samuel Mejía, supervisor misionero del MMM en Asia.

“Muchos creemos que ser humildes es no tener nada en nuestras manos. Creemos que quienes viven en barrios pobres son humildes y consideramos como orgullosos a los que tienen una casa más grande. Confundimos el significado de la humildad”, precisa.

La humildad no está presentada en las cosas que usan las personas. La humildad empieza en el corazón y exactamente allí es donde empieza a dar frutos. La humildad tiene que ver con las motivaciones del corazón. La humildad no tiene que ver con las cosas que las personas visten o se ponen.

La humildad en el ámbito cristiano no incita a no progresar en el tiempo, hora y espacio, pero impulsa a la persona a cada día ser mejor en cada aspecto de la vida, tanto material como espiritual.

La humildad puede, muchas veces, confundirse con la humillación, pero son dos cosas diferentes. La humillación es descrita como el acto de vergüenza en que es expuesta una persona ante otras más.

El reverendo Carlos Guerra, oficial internacional del Movimiento Misionero Mundial, señala que la humildad es un ingrediente que lamentablemente algunos han perdido. “Hemos visto a muchas personas enormes y admiradas que, al final, terminaron estrellados porque se hincharon demasiado”, agrega.

Cuando las personas son humildes, Dios los respalda, los bendice, los prospera. El problema empieza cuando llega la admiración de otras personas que aplauden, allí es cuando hay que tener cuidado. La gloria no es de las personas, toda la gloria es de Dios, enfatiza.

LA FALSA HUMILDAD

La humildad falsa tiene que ver con el acto de fingir algo que no es la realidad y mucho menos se tiene a la mano. La falsa humildad es muy común en las personas que quieren ser aceptadas en algún tipo de grupo de amigos o en la sociedad, ya que se dan cuenta de que siendo ellos mismos nadie los ha aceptado.

Hay que tener cuidado con esas personas ya que, en lo particular, suelen ser humanos que también adoptan doble personalidad, y pueden ser más peligrosos de lo que podemos imaginar. Una persona realmente humilde reconoce sus limitaciones, utiliza la modestia como acto de no excluir, intenta no llamar la atención y trata a todos por igual.

EL VERDADERO HUMILDE

La humildad verdadera respeta y da valor a las demás personas y a sí mismo. La humildad y el subordinarse van de la mano. La Palabra de Dios dice que los hombres y mujeres deben subordinarse los unos a los otros con humildad. “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” 1 Pedro 5:5.

Con subordinarnos y “revestirnos de humildad” podemos crear paz y unión con los otros. No debemos sentirnos tan orgullosos y altos de que no podamos recibir amonestación o consejo.

Tampoco hay que tener la mentalidad de que nuestras propias opiniones y pensamientos son siempre mejores que los de los demás. Pensar así no nos lleva al progreso o a la unidad en Cristo.

Ser sumisos y humildes no significa, de ninguna manera, que debemos ceder ante otras personas. Pablo fue muy claro cuando dijo que debemos servir a Dios y solo a Dios. “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres” 1 Corintios 7:23. Él escribe también: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” Gálatas1:10.

Si bien es importante subordinarnos para aceptar la amonestación y seguir humildes ante nuestros propios ojos, como cristianos debemos buscar agradar a Dios con nuestras vidas. Debemos temerle y guardar Su Palabra.

Este debe ser nuestro enfoque: humillarnos bajo la voluntad de Dios, vivir y mantenernos ocupados en guardar sus mandamientos, y no tratar de satisfacer las exigencias y expectativas humanas.

HUMILDAD Y PASIVIDAD

Tener un espíritu afable y apacible no significa que debemos ser personas pasivas. Dios también requiere la acción y el celo en nuestras vidas. Jesús nos enseña que el reino de los cielos se toma con fuerza (Mateo 11:12).

Todos los que desean una vida más profunda en Cristo tienen que ser celosos y humildes en su interior. Si somos humildes con el deseo de hacer la voluntad de Dios, vamos a hacer todo lo posible para guardar nuestra mente y corazón limpio. Pablo escribe: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.” (Romanos 12:11).

De la misma forma, mientras que nosotros siempre debemos tener un espíritu quieto y humilde ante el Señor, hay algunas situaciones en las que Dios desea que hablemos con franqueza. Aquí tenemos que, como siempre, dejar nuestro propio honor, reputación y las expectativas naturales, y obedecer al Señor con toda reverencia. No debemos cuestionar, por nuestra propia autoridad o posibilidad, el decir o hacer algo que Dios quiera realizar por medio de nosotros. En lugar de ello, debemos dejar que Dios nos use exactamente como Él quiere, en cualquier situación.

TALENTOS Y HABILIDADES

Tener una mentalidad humilde es pensar con prudencia de uno mismo. Esto significa que no nos jactamos de nuestras habilidades y capacidades. También reconocemos que nuestra competencia proviene de Dios en todas las cosas (2 Corintios 3:5).

Esto no quiere decir que debemos ignorar los dones y el llamamiento celestial que Dios nos ha dado. Él nos ha dotado con nuestros propios talentos y dones.

Dios lo que quiere es que nos pueda usar para Su gloria y para Su propósito, y cada uno de nosotros debe estar consciente de esto. La humildad es usar nuestros talentos y habilidades bajo la dirección y la guía de Dios y, con esto, darle a Él la gloria por lo que se ha logrado en y a través de nuestra vida.

CLAVE PARA EL PROGRESO

Es una ley natural que si nos humillamos bajo la poderosa mano de Dios, y sometemos nuestra propia voluntad y honor, entonces Él nos dará la gracia que necesitamos para vivir una vida cristiana en verdad.

Jesús es el máximo ejemplo de humildad. Él no valoró su propia reputación o su honor, sino que se ofreció voluntariamente para que la voluntad de Dios se cumpliera y pudiera ser glorificado a través de su vida.

Si tenemos la misma mentalidad humilde y abandonamos la propia reputación y honor para ser obedientes a la Palabra y a la voluntad de Dios, entonces vamos a ser capaces de progresar en la vida cristiana.

Dios realmente sigue de cerca en nuestros corazones y está dispuesto y celoso para fortalecer a aquellos que quieren vivir para Su gloria.

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