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15 de Octubre del 2019

EL IMPACTO DEL CALOR EN LOS HUMANOS

El cuerpo humano está diseñado para mantener una temperatura de 37,5 °C en todas las circunstancias. Sin embargo, el calor extremo o el frío intenso provocan reacciones corporales que la mayoría de las personas ignora. (*)

  • EL IMPACTO DEL CALOR EN LOS HUMANOS

Cuando la temperatura sube mucho, el cuerpo humano tiene que trabajar con mayor intensidad para bajarla. Para liberar calor, el cuerpo abre entonces una mayor cantidad de vasos sanguíneos cerca de la piel y empieza a sudar.

Y es que cuando el sudor se evapora, la pérdida de calor de la piel aumenta dramáticamente. Suena simple, pero todo el proceso implica un gran esfuerzo por parte del cuerpo. Y entre más alta la temperatura, mayor el esfuerzo. La apertura de más vasos sanguíneos reduce la presión arterial y obliga al corazón a trabajar más duro y bombear a mayor velocidad para hacer llegar sangre a todo el cuerpo. Esto puede provocar algunos síntomas ligeros, como una erupción por calor, que causa comezón o pies hinchados.

Pero si la presión sanguínea baja demasiado, entonces varios órganos pueden dejan de recibir la sangre necesaria y aumenta el riesgo de un ataque cardíaco. Al mismo tiempo, el sudar provoca una pérdida de fluidos y de sales, alterando su balance dentro de nuestro organismo.

Y esto, combinado con la baja presión, puede provocar, agotamiento por calor, con síntomas que incluyen mareos, desmayos, confusión, náusea, calambres, dolores de cabeza, sudor excesivo y cansancio. Las personas afectadas pueden refrescarse antes de que pase media hora. Entonces, el agotamiento por calor generalmente, no es grave. Las víctimas de golpes de calor pueden dejar de sudar, cuando su temperatura corporal ha sobrepasado los 40 °C y pueden sufrir convulsiones o pérdida de la conciencia.

¿QUIÉNES CORREN MÁS RIESGO?

Con un poco de sentido común, las personas sanas deberían poder lidiar con una ola de calor, pero algunas corren un mayor riesgo. La vejez o algunas condiciones crónicas, como las enfermedades cardíacas, por ejemplo, pueden reducir la capacidad de algunas personas para soportar el esfuerzo. La diabetes, tipo 1 y 2, puede hacer que el cuerpo pierda agua más rápidamente, y algunas complicaciones derivadas de otras enfermedades, así mismo pueden alterar los vasos sanguíneos y la capacidad de sudar. También es crucial poder reconocer que uno tiene demasiado calor y poder hacer algo al respecto.

Parece obvio, pero los niños, bebés, y personas con dificultades para moverse, pueden ser más vulnerables, mientras que enfermedades cerebrales como la demencia pueden hacer que algunas personas no noten el calor o sean incapaces de hacer algo al respecto.

Las personas sin hogar también están más expuestas al poder del sol. Y aquellos que viven en los pisos superiores también enfrentarán temperaturas más altas. 

¿QUÉ HACER?

Hay cuatro recomendaciones para tratar mitigar el impacto del calor. • Llevarlas a un lugar fresco. • Acostarlas con los pies ligeramente alzados. • Hidratarlas con abundante agua o bebidas isotónicas. • Refrescarles la piel, para lo que se puede emplear ventilador o aplicaciones de agua fría (con un rociador o esponjas). Compresas frías cerca de las axilas y el cuello también ayudan.

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