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26 de Marzo del 2020

LOS TEMIBLES DÍAS DE UNA PANDEMIA

Durante el siglo XXI, hasta seis epidemias con altos índices de mortalidad azotaron diversas partes del mundo. El coronavirus, con menos víctimas, ha causado, sin embargo, tal alarma que decenas de países extreman sus medidas de seguridad, mientras poblaciones enteras reaccionan con pánico ante la nueva amenaza. ¿Qué ha originado esos niveles de pavor? 

  • LOS TEMIBLES DÍAS DE UNA PANDEMIA

 

Cuando las autoridades sanitarias de Wuhan, provincia de Hubei (China), identificaron el virus denominado Covid-19 en un grupo de pacientes que presentaban neumonía, nadie imaginó el comienzo de una pandemia que iba a provocar serios cambios en los hábitos de vida de la población, una sicosis colectiva imprevisible, medidas radicales en los gobiernos de todas las potencias y serios daños a la economía mundial. 

 

El Covid-19, conocido como Coronavirus, no es uno de los más mortales que ha aparecido en el mundo. Sus víctimas son relativamente bajas, en comparación con las de otras pandemias, según las estadísticas de los organismos internacionales de salud. 

 

Con una medicina incipiente y sin instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS), las poblaciones de hace un siglo o más eran más vulnerables a las epidemias y, por tal razón, los índices de mortalidad altísimos. Ahora la situación es distinta.

 

LA PESTE NEGRA 

La peor tasa de mortalidad de la historia fue infligida por la peste negra, que duró desde 1348 hasta 1350, y acabó con la vida de entre 100 millones y 200 millones de personas en todo el mundo. Las consecuencias económicas y sociales también fueron numerosas. 

 

La peste llegó a Italia a través de los barcos genoveses y venecianos en octubre de 1347 y, para enero del año siguiente, ya había llegado a Francia, extendiéndose hasta el Norte de África. Apareció en París en junio de 1348; más tarde, se trasladó a Inglaterra a través del Canal de la Mancha. 

 

La rata negra, que habitualmente viajaban en los barcos, la dispersó a lo largo de las costas y ríos navegables de tres continentes, pues llegó hasta el Asia provocando una histeria colectiva. Las ciudades eran las más expuestas al contagio, por el hacinamiento en que se vivía, sobre todo en los barrios pobres. París, por ejemplo, perdió a la mitad de sus habitantes por ese motivo. 

 

En octubre de 1348, Felipe VI, rey de Francia, ordenó a la Facultad de Medicina de París que definiese las causas que habían provocado la temible epidemia. Mediante tesis, antítesis y pruebas, los doctores llegaron a la increíble conclusión de que su origen se debía a una triple con - junción de Saturno, Júpiter y Marte en el grado cuarenta de Acuario, hecho ocurrido el 20 de marzo de 1345. Este pronunciamiento se convirtió en la versión oficial y fue reproducido y traducido a diversos idiomas. 

 

Sin embargo, a la gente le importó poco ese veredicto. En varios lugares de Europa culparon a los judíos de la epidemia acusándolos de que estaban envenenando los pozos de agua. Circuló la versión de que existía una conspiración judía internacional con base en Toledo, España, de donde partían emisarios que llevaban el veneno escondido en pequeñas bolsas, así como instrucciones rabínicas sobre la forma de envenenar pozos y manantiales. 

 

Así comenzaron los primeros linchamientos en la primavera de 1348 y cientos de judíos fueron sacados de sus hogares y arrojados a enormes hogueras, sin contemplación alguna. La historia dice poco de este infausto episodio. 

 

Otra de las reacciones de la gente fue aislar a los enfermos o sospechoso del mal. De este modo se consolidó la “cuarentena”, proceso sanitario que establece cuarenta días como periodo de tiempo necesario de observación para determinar la presencia o no de una enfermedad. 

 

Las autoridades establecieron “estaciones cuarentenarias”, especialmente en las entradas de las ciudades donde el viajero que quería entrar debía esperar 40 días en observación para comprobar que no estaba enfermo. 

 

La peste negra tuvo enorme repercusión en los países afectados que necesitaron más de 80 años para que la población se recuperase. Cuando la epidemia se produjo, Europa tenía una economía en crisis como consecuencia de un decadente sistema feudal y una sobrepoblación considerable.

 

La peste contribuyó al debilitamiento del feudalismo y comenzó a surgir la burguesía. Hubo un cambio demográfico a largo plazo que obligó a modificar las condiciones de los trabajadores, tanto en términos de salarios y movilidad como en la apertura del mercado de tierras (la fuente principal de riqueza en el momento) a nuevos inversores. 

 

OTRAS PANDEMIAS 

La historia de las pandemias es larga y, en algunos casos, tenebrosa. Sin embargo, en los últimos treinta años, han ocurrido más epidemias en el mundo que en los siglos precedentes. ¿Son los signos de los últimos tiempos? 

 

Los libros destacan de la antigüedad la Plaga de Justiniano que mató a 25 millones de personas en tiempos del Imperio Romano de Oriente y de la floreciente Constantinopla.

 

En el siglo XX la gripe española, que apareció después de la Primera Guerra Mundial, dejó cerca de 80 millones de víctimas mortales, cuatro veces más de lo que causa el VIH/sida, que, a partir de 1981, fue considerada oficialmente como una epidemia de transmisión sexual. 

 

En las primeras décadas del presente siglo, han sido varias las propagaciones de virus que han puesto en jaque la salud mundial y han provocado alarma, aunque ninguno como el reciente coronavirus. 

 

En el año 2014, un equipo de investigadores de la universidad de Brown (Estados Unidos), identificó todas las enfermedades infecciosas entre 1980 y 2010, y determinó que en los últimos treinta años el número anual de brotes se triplicó en todo el mundo y las enfermedades causantes casi se doblaron. 

 

La investigación revela que ninguna de estas emergencias sanitarias fue provocada por un agente infeccioso nuevo y desconocido, sino por una mutación o modificación de un virus anterior. Por ejemplo, el virus de la gripe se combinó y generó en la primavera del 2009, la conocida H1N1, llamada también “gripe porcina”. 

 

El H1N1 es una combinación de virus de cerdo, aves y seres humanos. Rápidamente fue catalogado en el nivel seis, es decir en “Pandemia en curso”. Su tasa de mortalidad alcanzó los 18.337, según el reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Bastó catorce meses para que el ente de salud mundial diera por finalizada la pandemia. 

 

Otras emergencias ya registradas en épocas pasadas reaparecieron, en diferentes presentaciones como “la polio”, descrita desde el año 1978, pero que afectó a los antiguos egipcios; también están el ébola, descubierto en 1976, y el Zika conocido desde 1974. 

 

CAUSAS DE UNA EPIDEMIA 

 

¿Por qué enfermedades ya conocidas son capaces de generar epidemias a escala internacionales?, la interrogante a la pregunta en gran parte fue descrita por el epidemiólogo Stephen Morse de la Universidad de Columbia en el año 1995. 

 

En su investigación, Morse desarrolló factores fundamentales que impulsan una emergencia sanitaria, entre ellos el cambio climático y medio ambiental y el incremento de la población y las migraciones. 

 

El primer gran factor aparece por la evolución de las prácticas agroganaderas y los cambios en los ecosistemas acuáticos. El resultado es el crecimiento de enfermedades como la fiebre hemorrágica argentina (mal de los rastrojos), que apareció en el año 1968. 

 

Por otro lado, la deforestación y reforestación, las inundaciones, las hambrunas, la pobreza, la desigualdad y las guerras aumentan las probabilidades del surgimiento de mutaciones virales. 

 

LA HISTERIA ACTUAL 

 

Como ocurrió con la peste negra en la Edad Media, el actual coronavirus está provocando una serie de efectos sociales y económicos de imprevisibles consecuencias. La economía ha empezado a desacelerarse y castiga inicialmente al sector turístico, fuente importante de desarrollo e ingresos económicos para muchos los países. 

 

“Se prevé que este año el número de turistas en todo el mundo disminuirá un 3%, esto significaría una pérdida estimada de 30 a 50 mil millones de dólares en gastos de turismo y la cifra puede aumentar”, informó la Organización Mundial del Turismo.

 

El coronavirus ha originado medidas extremas que hasta hace algunos meses eran inimaginables. A principios del 2020, nadie podía prever que todo un país, como Italia, se habría de declarar en cuarentena. Tampoco podría afirmar que los vuelos de casi todo el mundo serían suspendidos, ni que Nueva York, una de las urbes más importantes del mundo, fuera declarada en emergencia. Lo que está ocurriendo en estas semanas parece sacado de una película de ciencia ficción. 

 

Pese a que el coronavirus no tiene los altos índices de mortalidad de otras pandemias, la histeria colectiva registrada en decenas de ciudades es inédita. Antes de la cuarentena en Italia, la gente pretendió agredir a las personas con rasgos asiáticos; las tiendas chinas empezaron a rematar sus cosas y los restaurantes han cerrado por la baja demanda. 

 

“Muchas personas confunden a tailandeses con chinos y les lanzan golpes e insultos con la finalidad de que se vayan del país”, relató la pastora Milledy Espinoza de una iglesia cristiana de Monza. 

 

La misma situación se vive en España donde los españoles huyan al notar la presencia de asiáticos, ya sea en trenes, tiendas o, simplemente, en las calles. 

 

Las poblaciones de grandes ciudades en diversas partes del mundo han reaccionado con nerviosismo ante la presencia de casos de coronavirus en su entorno y se vuelcan en hordas a los supermercados para aprovisionarse de alimentos en caso de que se apliquen medidas restrictivas como el ocurrido en Italia. El resultado: desabastecimiento, especulación y desorden. 

 

¿A qué se debe tanto temor? Aunque todavía no hay una explicación precisa sobre este fenómeno, ya están surgiendo las primeras argumentaciones. Primero, dado su modo de contaminación rápida (el aire o un simple contacto personal), el coronavirus se expande con mayor prisa que otras epidemias. Segundo, la presencia de información falsa e irresponsable que se difunde por las redes sociales. 

 

En este último saco caen, precisamente, las numerosas versiones sobre el origen de la pandemia. Algunos hablan de un virus de que salió de un laboratorio de una potencia, otra es que fue adquirido de la ingestión de algún alimento hecho con murciélagos en la China, y se llega a afirmar que el coronavirus es un arma química que alguna potencia está utilizando para lograr su hegemonía en el mundo.

 

¿LOS ÚLTIMOS TIEMPOS?

 

En los últimos treinta años el número anual de brotes se triplicó en todo el mundo. Esta es la relación de epidemias del presente siglo: 

2002: Se calcularon en 1.000 los casos de polio en la región de Uttar Pradesh, India. 

2003: Epidemia de SARS. 8.000 infectados y 700 muertes en dos meses. 

2005: La gripe aviar en su cepa H5N1, se convirtió en una amenaza de pandemia cuando se produjeron los primeros contagios en seres humanos. 

2009-2010: La Pandemia de gripe A (H1N1) se cobró la vida de más de 18.000 personas alrededor del mundo. 

2010: Un brote de cólera azotó Haití. La inadecuada gestión del agua derivada del caos causado por el terremoto de Haití de 2010 que lo precedió, favoreció su rápida propagación, alcanzando más de medio millón de afectados y 8.000.

2014: La epidemia del ébola comenzó en Guinea en marzo y se extendió en los meses siguientes a Liberia y a Sierra Leona. Posteriormente alcanzó a Nigeria, Senegal, España y Estados Unidos. La falta de cura ha permitido la muerte de 4,500 personas en medio año. 2012-2015: El síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio fue detectado en el 2012 en Arabia Saudí. En mayo del 2013 se habían producido casos en más de 7 países incluyendo Qatar, Reino Unido, Francia, Alemania y Túnez. El virus infectó a casi 1.000 personas y mató más de 500 

2014: El Virus del Zika azotó toda Latinoamérica con varios millones de infectados y miles de bebés nacidos con microcefaliase 

2019-2020: El COVID-19 un nuevo tipo Coronavirus, catalogado como Pandemia por la OMS (11/03/20), fue descubierto el 31 de diciembre de 2019 en China hace su aparición. 

 

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