| octubre 7, 2011

LA NARANJA Y EL ATEO

Después de unos momentos un hombre que había sido bien conocido en la localidad por su afición a las bebidas embriagantes, pero que había sido salvo recientemente, aceptó la invitación, y sacando una naranja del bolsillo comenzó a pelarla lentamente.

El conferencista le pidió que hiciera la pregunta; pero el hombre continuó imperturbable pelando la naranja, al término de lo cual, se la comió. Cuando terminó de comérsela se volvió al conferencista y le preguntó:

– ¿Estaba dulce o agria?

– No me pregunte tonterías – respondió el orador con señales evidentes de enojo – ¿Cómo puedo saber el gusto si no la he probado?

El hombre convertido respondió entonces:

-Y ¿Cómo puede usted saber algo de Cristo si nunca lo ha probado?

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, e hicieron abominable maldad; no hay quien haga bien”, Salmo 53:1.

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