Por muchos años, la tribu Bugkalot, se ha encargado de que ningún forastero que visite su territorio regresara con vida, pues muchos de ellos eran decapitados; incluso en sus alrededores, ellos eran muy temidos por sus radicales acciones. En su historia, para la década de 1950 varios de ellos se convirtieron a Cristo e hicieron que con el trabajo misionero otros más pudieran conocer el Evangelio y cambiar totalmente, por lo que se convirtieron en facilitadores de ello hacia sus vecinos.
Uno de los que inició la tarea en el área fue Jen Hagen, quien era hija de los misioneros que llegaron por primera vez a la zona; según Baptist Press, ella fue la primera en ver cómo el Evangelio se multiplicó en muchos de ellos dentro de Bugkalot. “Ha sido asombroso ver la transformación del Evangelio en una tribu que traía la muerte por donde pasaba”, dijo Jen.
El mensaje de Cristo hizo que la comunidad de Bugkalot desarrollara el amor por otros pueblos que no han sido alcanzados por el poder del Evangelio. “Ahora que el trabajo entre los Agta está más consolidado, estamos trabajando para expandir el modelo de pueblos tribales llegando a otras aldeas de grupos lejanos en Filipinas”, finalizó Jen.
