“Y se animó su corazón en los caminos de Jehová, y quitó los lugares altos y las imágenes de Asera de en medio de Judá” (2 Crónicas 17:6). Josafat fue el sexto rey de Judá después del reinado de David, y reinó durante veinticuatro años. Bajo su gobierno, la nación conoció un periodo de bendición y de refrigerio espiritual.
El versículo citado revela una clave hermosa de la vida victoriosa de este rey: “se animó en los caminos de Jehová”. El significado original de la palabra “animar” es “volar alto y con facilidad”. Esto implica tener la capacidad tanto de ascender hacia lo alto como la de mantenerse fácilmente en las alturas.
Josafat ascendió alto en los caminos de Jehová, y se mantuvo allí con facilidad y con comodidad. Los efectos benéficos de este ascenso espiritual se hicieron notables de inmediato en la tierra de Judá. En la segunda parte del versículo, leemos al respecto: “y quitó los lugares altos y las imágenes de Asera de en medio de Judá”, (2 Crónicas 17:6).
Cuando hay altura espiritual, se ven y se quitan los estorbos, van cayendo aquellos lugares altos de Judá. En el caso de Judá, los lugares altos eran lugares de corrupción espiritual y moral. Pero también existen los lugares altos de las ambiciones, del orgullo, de la envidia, del resentimiento. Todos estos son lugares altos que se levantan en el corazón como gigantes invencibles. También eliminó las imágenes de Asera, pero ¿y qué decir de la imagen propia? Los países comunistas decidieron eliminar a Dios de su filosofía pagana y endiosaron al hombre, promovieron el culto a la personalidad, erigieron mausoleos, monumentos, efigies, y estatuas gigantescas a la gloria de los hombres.
Sin lugar a dudas, esto resulta degradante en una sociedad alejada de Dios. Pero, cuánto más repugnante y bochornoso resulta que, en medio del pueblo de Dios, existan imágenes personales humanas que viven encumbradas, al estar sostenidas por el aplauso de aquellos que no están volando alto en los caminos de Jehová. Como le dijera Pablo en la epístola a los Romanos, “honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Romanos 1:25).
Uno de estos “líderes imagen” declaró, ante una audiencia de miles de personas, que él era un pequeño mesías. Sin embargo, lo más increíble no fue aquella declaración blasfema, sino el aplauso enfervorizado de la audiencia que era en su mayoría cristiana. La Iglesia ha perdido la alabanza y la adoración al Dios verdadero, y las ha sustituido por el aplauso al hombre.
Hoy más que nunca, la Iglesia tiene que alzar el vuelo en los caminos del Señor, para poder ver los lugares altos, y las imágenes que se han levantado en medio de ella. El apóstol Pablo fue arrebatado hasta el tercer cielo, pero, cuando fue devuelto a la tierra, nunca se atrevió ni tan siquiera a nombrarse a sí mismo como aquel hombre que vio y oyó cosas inefables en la presencia de Dios. Prefería esconderse detrás de Cristo para que sus oyentes y sus compañeros de milicia no le miraran a él, sino que pusieran los ojos en Cristo, el Autor y el Consumador de la fe.
El rey Josafat encontró la clave para poder terminar con todo aquello y ser un canal de bendición para su pueblo: “se animó su corazón en los caminos de Jehová”. Amados, en Dios no hay acepción de personas, Él no hace diferencias, sino todo lo contrario, se goza cuando nos ve volar en sus caminos. ¿No sientes deseos de volar alto en los caminos del Señor? ¿Por qué no te animas como Josafat? Entonces sentirás como las alas te llevarán a las alturas de la comunión y de la bendición de tu Dios. ¡Dios le bendiga!
