El profeta Zacarías recibió una visión en la cual vio a Josué vestido con vestiduras viles, y a Satanás a su mano derecha acusándolo ante el ángel de Jehová. La batalla de Josué no era, pues, física ni terrenal, sino espiritual, y él mismo no había comprendido lo que le estaba sucediendo. En medio de la bendición más sublime que estribaba en la presencia del ángel de Jehová a su lado, también se encontraba el diablo avergonzándolo, y acusándolo de que no servía porque era un hombre pecador y falto de fe.
Sin embargo, en ese momento preciso de la visión, el ángel de Jehová miró a Satanás y lo reprendió duramente, y mandó que se le pusieran vestiduras limpias a Josué. “Jehová te reprenda, oh Satanás (…) Quitadle esas vestiduras viles. Y a él (Josué) le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas” (Zacarías 3:2-5). El sumo sacerdote Josué no permaneció más en ese estado de postración e inercia, por cuanto el diablo había sido descubierto y vencido.
Asimismo, la iglesia debe conocer que el enemigo trabaja en las áreas como la indiferencia y la apatía por buscar a Dios. Tal vez el diablo quiere hacerle creer que Dios no oye sus oraciones y ruegos, pero esto es completamente falso. Cuando Daniel estaba rogándole a Dios que interviniera, se le apareció el arcángel Gabriel portador de un mensaje: “Al principio de tus ruegos fue dada la orden…” (Daniel 9:23). No importa lo que nos susurre el maligno, ni los obstáculos que él ponga, ni tampoco cuánto tiempo llevamos orando para que Dios obre en algún aspecto. Desde el principio Él nos ha oído, y ya ha dado la orden.
Dios nos ha dado el poder de identificar el origen de nuestros conflictos para que venzamos al enemigo de nuestras almas. Existe un conflicto espiritual que no se reporta en ningún libro del Antiguo Testamento, sino en la epístola de Judas, en el Nuevo Testamento. Y este estriba en que el diablo intentó desenterrar el cuerpo de Moisés con vistas a hacer de él una reliquia, y para que el pueblo -cuya debilidad era la idolatría- lo adorara. Sin embargo, habiendo descubierto sus nefastos designios, Dios mandó al arcángel Miguel, el general de los ejércitos celestiales, a defender la tumba de Moisés.
Tenemos siempre a nuestro alcance un arma poderosa: el discernimiento de espíritus. Dios nos lo ha dado para que identifiquemos el origen de nuestros conflictos, y que descubramos las artimañas de Satanás. En la cruz del calvario, Cristo exhibió al diablo públicamente, lo descubrió y lo puso bajo la planta de Sus pies. La victoria del Cordero es la nuestra también, y el diablo está bajo nuestros pies. ¡Que el Señor lo reprenda!
