LA BIBLIA PALABRA DIVINA

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” 1 Corintios 2:14.

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1.- LA BIBLIA RECLAMA SER LA PALABRA DE DIOS

• En más de 3000 ocasiones la Biblia afirma de sí misma que es la Palabra de Dios.

• Jesús mismo citó el Antiguo Testamento como la Palabra de Dios (Lucas 24:44).

• Es interesante comprobar que Cristo ratifica precisamente los hechos del A.T. que los críticos modernos más insisten en negar: el relato de la creación, el diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra, la historia de Jonás y el pez, la conversión de los ninivitas, entre otros.

2.- LA BIBLIA ES INDESTRUCTIBLE

• En el año 303 d.C. Diocleciano ordenó la quema de todas las Biblias. Para celebrar su aparente éxito, mandó que se grabasen medallas con la inscripción: “se ha destruido la religión cristiana, y restaurado la adoración a los dioses”.

• Unos 10 años más tarde subió al trono Constantino, quien hizo del cristianismo la religión del Estado.

• El emperador ofreció un premio a la persona que le llevase una Biblia. Al cabo de 24 horas tuvo 50 en su poder.

• En el año 1536 William Tyndale fue quemado en la hoguera por traducir la Biblia al inglés. Antes de morir oró para que se abrieran los ojos del rey.

• Tres años más tarde su oración tuvo respues­ta, al ordenar Enrique VIII la publicación de The Great Bible (La Gran Biblia).

3.- LA SORPRENDENTE UNIDAD DE SUS 66 LIBROS

• 40 escritores diferentes: pastores, reyes, pescadores, soldados, eruditos, etc.

• 13 países diferentes.

• 3 continentes.

• 3 idiomas diferentes.

• 1600 años en escribirse.

• Aunque se mencionan muchas temáticas distintas lo sorprendente es que no existe contradicción entre sus escritores.

4.- EL TESTIMONIO DE LOS HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS

• El renombrado arqueólogo judío, Nelson Glueck, en su libro Rivers of the Desert, hace notar que no ha habido jamás descubrimiento arqueológico que contradijese a la Biblia.

• La arqueología ha verificado mucho de lo que la Biblia afirma. Ver el libro: “Y la Biblia tenía razón”.

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