CAMPAÑA EVANGELÍSTICA EN PUERTO RICO

Durante dos días Dios habló a su pueblo y, sin duda, ministró a cada uno de los presentes, oyentes y televidentes que estuvieron atentos a la Palabra del Señor.

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 Una poderosa campaña Evangelís­tica dio comienzo en la noche del pasado jue­ves 13 de junio en las instalaciones de la Iglesia del Movimiento Misionero Mundial, Centro Evangelístico Metropolitano, en el pueblo de Trujillo Alto, Puerto Rico. Comenzando con un gran devocional, el cual tenía como primer componente la alabanza que sale de corazones dispuestos a recibir la bendición de nuestro Se­ñor, y complementada con coros pentecostales que sin duda provocaron que el Espíritu San­to se moviera con poder; coros tales como: “El Cristo que yo predico ha resucitado”.

El Rev. Alberto Santana, pastor de la Igle­sia local, reconoció y saludó a pastores y visi­tantes que tuvieron a bien respaldar esta gran Campaña Evangelística.

La Palabra de Dios fue traída por el Rev. Rodolfo González, Oficial Internacional del MMM. Como introducción al mensaje escu­chamos tremendos testimonios vividos por el Rev. González. La lectura bíblica fue tomada del Evangelio según San Mateo 4:23, y el men­saje, con un toque real de evangelismo, hacía notar la importancia de vivir para Dios y las consecuencias de dejar a Dios. “Se nos rompió la venda de la brujería, hechicería, alcoholis­mo…”, mencionó el Rev. González. La Palabra de Dios fue precisa: “El que ama a Dios, Su Pa­labra guardará.”

Dios continuó hablando a las vidas con un mensaje refrescante y directo, la cual motivó a seguir hacia adelante y sin mirar atrás. Dios habló a su pueblo una vez más y, por Su eterna misericordia, advierte de los malos caminos que muchas personas toman sólo por la falta de conocimiento. Ese gran mensaje, que se llevó a cabo en la primera noche de campaña, sin duda mi­nistró a cada uno de los presentes, oyentes y televidentes que estuvieron atentos a la Palabra del Señor.

Concluyó este precioso evento el pasado viernes 14 de junio, ese día Dios derramó ricas y abundantes bendiciones para todos los pre­sentes. ¡Gloria a Dios

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