UNA VIDA DE ENTREGA ABSOLUTA
José Joaquín Ávila, conocido mundialmente como «Yiye Ávila», fue una de las figuras más emblemáticas de la Iglesia evangélica y el movimiento pentecostal. Dedicó 53 años de su vida a la propagación del cristianismo antes de fallecer de un infarto cardíaco mientras dormía en su residencia en Camuy, Puerto Rico, el 28 de junio de 2013. Su legado se convirtió en un referente de autoridad moral y espiritual para millones de personas.
Nacido el 12 de septiembre de 1925, Yiye Ávila tuvo una formación destacada antes de su llamado espiritual, lo que hace que su entrega sea vista como un acto de sacrificio absoluto al renunciar a un éxito garantizado. Se graduó en Ciencias Naturales y Pre-Medicina en la Universidad Interamericana de Puerto Rico y ejerció durante 22 años como profesor de química y biología. En paralelo, desarrolló una brillante carrera en el fisicoculturismo, coronándose como «Míster Puerto Rico» en 1952 y más tarde como «Míster Norteamérica» en su categoría.
UNA EXPERIENCIA SOBRENATURAL
Su prometedor futuro deportivo y secular se vio truncado drásticamente por una artritis reumática crónica que lo postró en cama. En 1960, en su momento más oscuro, Ávila experimentó una revelación personal con el Todopoderoso y una sanidad divina milagrosa que transformó su salud de forma instantánea. Este acontecimiento lo llevó a convertirse a la fe cristiana. Siete años después, abandonó por completo la enseñanza y su trabajo secular para convertirse en misionero a tiempo completo. En 1972, fundó la «Asociación Evangelística Cristo Viene».
PIONERO DEL IMPACTO MASIVO
En una época donde las iglesias eran locales y pequeñas, Yiye Ávila rompió el molde llevando el mensaje a una escala masiva nunca antes vista. Su ministerio se caracterizó por un mensaje urgente, directo y escatológico: «¡Cristo viene!», acompañado de multitudinarias campañas de sanidad y liberación espiritual en América Latina, Estados Unidos y Europa. La manifestación de milagros que la gente presenciaba en vivo le permitieron llenar estadios de fútbol enteros durante noches consecutivas. Además, en 1988 expandió su alcance de manera masiva al fundar la «Cadena del Milagro», una de las primeras redes de televisión satelital cristiana, que llegó a emitir su señal a más de 128 naciones.
AYUNO Y SANTIDAD INFLEXIBLE
Era ampliamente respetado por sus rigurosos periodos de ayuno (llegando a realizar ayunos prolongados de hasta 41 días solo a base de agua) y por predicar un mensaje sin filtros sobre la santidad. Esta coherencia inquebrantable entre su vida privada y pública consolidó su estatus como un verdadero baluarte de la fe.
UNA FE PROBADA EN EL FUEGO
El tramo final de su existencia terrenal estuvo marcado por tragedias familiares desgarradoras que probaron su fe en lo más profundo. En 1989, sufrió la pérdida de su hija mayor, Carmen Ilia Ávila Talavera, quien fue brutalmente asesinada por su esposo en Estados Unidos. Veinte años después, en 2009, otra de sus descendientes, Iris Noemí Ávila Talavera (quien servía como pastora), falleció en un trágico accidente automovilístico en Venezuela. Ante el escrutinio público y el dolor de perder a dos hijas, Yiye Ávila no se hundió en la amargura ni se retiró de los altares; se aferró al amor de Jesucristo para predicar el perdón y la soberanía divina, ganándose una autoridad moral inquebrantable.
EL ADIÓS A UN GUERRERO
El día de su despedida física, acontecido dos días después de su muerte, miles de personas y líderes de todo el mundo se congregaron en el cementerio municipal Remanso de Paz en Camuy para rendirle honores. Durante el sepelio, su viuda, la hermana Carmen Talavera, estuvo acompañada de su hija Doris, nietos y bisnietos. Miguel Sánchez Ávila, uno de sus nueve nietos y también predicador, resumió con precisión el sentir de millones al afirmar: «Para nosotros, esto representa una pérdida física muy fuerte, pero el Cielo recibe a un guerrero y a un baluarte. El ministerio no era de Yiye, el ministerio era de Dios para Su pueblo».