Malaquías significa “mi mensajero”, “mensajero de Jehová” o “ángel de Jehová”. Fue escrito aproximadamente hace 430 años a. C., en la última parte de la administración de Nehemías y después de la época de Hageo y Zacarías. Era una época de crisis en el ministerio sacerdotal, donde existía un gran desorden entre los sacerdotes y el pueblo de Israel, pero en medio de todo ese caos viene la voz de Dios por medio de Malaquías, quien reprende a los sacerdotes y les hace algunas acusaciones. Vamos a considerar siete aspectos, pero que a la misma vez son siete acusaciones:
1°) “Yo os he amado…”, Malaquías 1:2.
Había una pérdida del primer amor, no había pasión por las almas perdidas, ni había el deseo de ministrar la Palabra del Señor. Dios ama al pecador, a pesar de su condición lo ama y nosotros tenemos que estar llevando este amor por todas partes. Cuando recibimos el perdón de Dios vamos en vía de recibir una bendición, una gloria especial, porque aprendimos a amar, amar a nuestro prójimo, amarnos los unos a los otros, pero sobre todo amar a nuestros enemigos. La Palabra dice: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros”.
2°) “Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos…”, Malaquías 1:6.
Esta acusación o advertencia estaba dirigida especialmente a los sacerdotes, debido al descuido de los ministros a las cosas de Dios. La palabra Sacerdote significa “uno que ministra delante de Dios en favor de su pueblo”, se le llama también “el mensajero de Jehová”.
“Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? En el libro de Job 29:20 dice: “Mi honra se renovaba en mí…”, Job decía esto cuando caminaba en la luz de Dios, qué bueno es tener la luz de la Palabra, y decía Job: “¡Quién me volviese como en los meses pasados…!” (Job 29:2). Hay muchos predicadores que han dejado la gloria, la unción, las lenguas; estos son predicadores que están en los púlpitos petrificados, que no tienen la experiencia de reconocer y de darle honra a Dios y no permiten que la gloria de Dios se renueve en las vidas; no puede haber gloria sin honra.
Dice la Palabra: “Si soy señor, ¿dónde está mi temor?” Cuando se pierde el temor, aparece la corrupción, por eso hay sacerdotes desechados, despreciados por Dios. Esaú menospreció su primogenitura y su bendición, y esto le trajo ser despreciado, ser desechado. Mientras nos pongamos en las manos del Señor para que nos use, para que nos bendiga, ahí vendrá el respaldo, ahí vendrá la respuesta de parte de Dios.
3°) “Oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?”, Malaquías 1:6.
Cuando estuve en África había una joven que era hija de uno de los pastores y había llevado a una amiga, esta persona nunca había escuchado el nombre de Jesús, y yo le dije: “Repite conmigo ¡Jesús, Jesús!” Y ella dijo: “¡Qué nombre más lindo!” Y de pronto comenzó a llorar, y seguía repitiendo: “¡Jesús, Jesús!” Porque ese es el nombre sobre todo nombre.
Cuando el régimen en Rusia estaba muy fuerte ocurrió algo especial, tenían encarcelado a un hombre de Dios, quien arrancaba las páginas de la Biblia y las pasaba por las celdas, y de esa manera se convertían los presos; y fue advertido que no podía hacerlo y que la próxima vez iba a ser castigado. Continúo haciéndolo y cuando se le acabaron las páginas de la Biblia, empezó a escribir lo que Dios le inspiraba y seguía regando la Palabra. Lo castigaron tremendamente, y le dijeron: “Si sigues escribiendo te vamos a cortar la mano derecha”. A él no le importó la amenaza, continuó la labor, y llegaron a cortarle la mano dejándole tirado en la celda para que se muriera, él se arrastró hasta llegar a una de las paredes y con la sangre que salía de su mano escribió el nombre de Jesús. Dejó allí el nombre de Jesús, porque ese nombre es sobre todo nombre.
4°) “En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable”, Malaquías 1:7. “Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos”, Malaquías 1:8.
El Señor les dice: “Ofrecéis sobre mi altar pan inmundo”; esto era un sacrificio despreciable, el pan inmundo no era aceptable a Dios. Y dijeron: “¿En qué te hemos deshonrado?”; se nota su gran indiferencia a las cosas de Dios. Este es un mensaje a los sacerdotes que no cumplían con sus responsabilidades, ellos tenían que llevar el pan con seriedad. Dios en el desierto le dio a su pueblo pan de ángeles, el maná no se podría guardar, hay que sacarlo, el pan hay que entregarlo, si no se podriría y se llenaría de hongos.
Jehová sigue reprendiendo a los sacerdotes: “Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 1:8). Lo ciego es malo, lo ciego no tiene visión; lo cojo es enfermo, si lo cojo no puede caminar derecho, si está torcido, consintiendo y tolerando al pecado, entonces es malo. Mas nosotros somos un ejército que estamos contra el pecado, porque esta Misión no acepta el pecado.
5°) “Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia?”, Malaquías 2:17.
Eso era lo que ellos decían: “Cualquiera que hace mal agrada a Jehová”. O sea, que lo malo es bueno, ahora muchos dicen: “¿Por qué tanta prohibición, por qué tanta exigencia?” Esto no nace de nosotros, esto nace de la Palabra, y queremos sujetarnos a la Palabra, queremos vivir en la santidad, vivir en la pureza, es que “sin santidad nadie verá al Señor”. A Dios no le agradan los carnales, no le agrada la idolatría, la mentira, la murmuración, la vanidad, el adulterio, la fornicación, la homosexualidad, la mundanalidad, las falsas enseñanzas, la astrología, las hechicerías, los celos ministeriales, tenemos que alejarnos de todo lo que ha Dios no le agrada.
Por eso aparece esta interrogante: “¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando Él se manifieste? Porque Él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores” (Malaquías 3:2). “Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos” (Malaquías 3:4). Dios ha limpiado a todo aquel que quiere vivir la Palabra y la limpieza es para todos.
6°) “Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?”, Malaquías 3:7.
Abandonaron las leyes, abandonaron los mandamientos, abandonaron la Palabra escrita. Los antiguos profetas hablaban: “Así ha dicho Jehová”, y “escrito está”. Ellos no hablaban por hablar, hablaban lo que Dios les decía, eran los antiguos profetas y la palabra profeta empieza con pro, uno que está en pro de la fe, PRO-FE; es como el micrófono que es leal a mi voz, no habló una cosa y el micrófono dice otra. Tenemos que ser leales a Dios y a la Palabra que pone en nuestros labios para que nosotros prediquemos con la verdad de Dios.
7°) “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas”, Malaquías 3:8.
Leemos en la Biblia: “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). Ante Dios no hay cosa que se pueda esconder, no podemos ser como Ananías y Safira (Hechos 5), que diciendo una cantidad engañosa no pudieron recibir la bendición que Dios tenía reservada para ellos; robarle al padre celestial es una necedad, robar a su benefactor es robar de la mano que le da de comer, ¿cómo puede el hombre robar a Dios? No hay error en cuanto a esto, pues Dios contesta: “En vuestros los diezmos y ofrendas”.
La Palabra dice: “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10). Eso es nuestra obligación, traer a la iglesia los diezmos, es parte de la adoración a Dios, el motivo es para que haya alimento en la casa de Dios y supla las necesidades, quiere decir comida espiritual. “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado…” (1 Corintios 16:2). Es un momento cuando Dios quiere que nosotros lo hagamos, el resultado de pagar los diezmos dice Dios: “Dame a mí primero y yo te daré a ti”. Por eso es que promete: “Probadme ahora en esto…” Es una promesa que Dios hace y luego la apoya con un reto: “Probadme ahora en esto”.
Cuando Dios está diciendo: “Abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendiciones hasta que sobreabunde”, está prometiendo una bendición no hasta que abunde, sino hasta que sobreabunde, quiere decir que la bendición es muy grande.
