Los padecimientos que deben enfrentar en una sociedad tradicionalmente budista.
Kanya y su esposo, Phonesay, sufrieron la destrucción de su casa después de que allí organizaran un culto, según lo reporta “Puertas Abiertas”. Lo único que hizo Kanya en ese momento fue orar y alabar a Dios. Las autoridades los mandaron a habitar en una casa abandonada. Así como ellos, otras familias de otras aldeas pasaron por la misma crisis y fueron enviadas a esa misma casa.
En el terreno del enemigo
Después, sumaron ocho las familias que rogaron a las autoridades que les dieran la autorización para mudarse a una zona rural. De ese modo, les han permitido habitar en un lugar alejado, entre los bosques de Laos.
En ese sector se congregan de manera secreta para buscar la presencia de Dios; sin embargo, es un terreno que le pertenece al Gobierno y, al no estar registrados legalmente, debido a las mismas condiciones en las que se encuentran, temen que en cualquier momento les destruyan ese espacio que hoy, para ellos, se ha convertido en un refugio para adorar a nuestro Creador.
En la pobreza
Kanya y su esposo, Phonesay, así como las demás familias, viven en una carpa sin los servicios de electricidad y agua potable. Su amor y fe en Jesucristo son mayores que sus necesidades básicas y económicas. Pese a la persecución y la escasez, tienen la libertad para servir a Dios en el bosque.
Libertad religiosa bajo control estatal
Laos es un país de mayoría budista: alrededor del 65 % de su población practica el budismo, mientras los cristianos representan aproximadamente el 1,7 %, según su censo de 2015. Y aunque su Constitución reconoce el derecho a creer o no creer en una religión, el Estado, en la práctica, aplica el Decreto 315, emitido en 2016 por el entonces primer ministro Thongloun Sisoulith.
Aquel decreto establece permisos y controles para reuniones, templos y otras actividades religiosas, y permite intervenir cuando se considera que una práctica afecta las tradiciones, el orden social o la unidad de la comunidad.
Persecuciones por no adorar a la naturaleza
En sus informes sobre libertad religiosa en Laos, publicados entre 2022 y 2024, el Departamento de Estado de Estados Unidos documentó conflictos especialmente en zonas rurales. Los informes registraron casos de presión, expulsión de familias cristianas y destrucción de viviendas, particularmente entre comunidades que se negaron a dejar su fe.
Estas investigaciones precisan que algunos cristianos sufrieron por abandonar las tradiciones budistas o animistas (creencias que asocian a la naturaleza, los antepasados y otros seres o lugares con espíritus).
El problema también alcanza los entierros de muertos por parte de los cristianos. En algunas comunidades animistas existe la creencia de que enterrar a los muertos dentro o cerca de la aldea, en lugar de cremarlos, puede alterar la armonía de la comunidad y entrar en conflicto con los espíritus vinculados al lugar.
Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16:24). Ante las dificultades que enfrentan algunos cristianos en Laos, surge una pregunta: ¿estamos realmente dispuestos a tomar nuestra cruz y permanecer fieles a Cristo?
