El 18 de diciembre de 1853, Susannah Thompson fue a un templo de la urbe de Londres para participar en un culto presidido por un pastor de 19 años llamado Charles Spurgeon. Desde el altar, aquel siervo habló sobre la salvación y realizó un llamado al arrepentimiento. Para ella fue el inicio de una existencia dedicada al Señor.
Nacida el 15 de enero de 1832 en Inglaterra, la hermana Thompson creció en un hogar donde la Biblia y la oración marcaron el ritmo cotidiano. Hija de los creyentes Robert Thompson y Susannah Knott, desde muy pequeña descubrió el poder de la Palabra de Dios y mostró una enorme sensibilidad por las personas más desamparadas.
En su juventud, a través de un mensaje, fundamentado en Romanos 10:8, del reverendo S. B. Bergne, encontró el camino definitivo hacia la luz. La Palabra caló hondo en su corazón y comprendió el significado del sacrificio del Salvador, al asumir de manera solemne la determinación de entregar por completo su vida a Jesucristo.
Dirección de Jehová
Al escuchar por primera vez al reverendo Charles, su corazón se iluminó cuando mencionó una metáfora, presente en la primera epístola de Pedro, a causa de las tribulaciones. Spurgeon enfatizó los tres círculos concéntricos en los que giraba la vida del cristiano: la fe en Cristo, como el centro; el cementerio donde estaba su madre y, por último, el cementerio donde ella misma reposaría.
Al concluir aquella prédica de aquel día, se retiró, abrumada de lágrimas que cubrían su rostro, y se entregó a los brazos de su amado Maestro bajo la dirección de Jehová. El 20 de abril de 1854, él la sorprendió con una copia de El Progreso del Peregrino, obra inmortal de John Bunyan, con lo que sellaron un primer lazo visible entre ambos.
El mencionado libro, escrito por John Bunyan, ya había sido determinante en la vida de Spurgeon. Tras leerlo, comprendió que los versículos de la Biblia eran capaces de transformar su situación espiritual, y él lo supo cuando experimentó la dulzura de Cristo y la paz de Jesús para acabar con la pesadumbre.
El 16 de junio de 1854, en la inauguración de la capilla de New Park Street, Charles pronunció un mensaje que la sorprendió. En el sermón, hizo referencia a la sugerencia del poeta que afirmaba:
“Busca una buena esposa de tu Dios, porque ella es el mejor regalo”. Entonces le preguntó: “¿Qué opinas de la sugerencia del poeta en esos versos?”. De inmediato, sintió una inmensa emoción.
Regalo de Dios
Cincuenta y tres días después, él le propuso matrimonio en la casa de su abuelo. Luego, comprendió plenamente que su felicidad era un regalo de Dios, y arrodillada sola en su habitación, lo alabó y le agradeció, con lágrimas de felicidad, por su gran misericordia. Al poco tiempo, solicitó el bautismo a manos de su pastor y prometido.
Las nupcias de Susannah Thompson y Charles Spurgeon se realizaron el 8 de enero de 1856. A la boda, que fue oficiada por el doctor Alexander Fletcher, asistió una multitud de fieles del Altísimo debido a la reputación del novio, cuya notable labor espiritual era tema de conversación en toda Inglaterra por aquellos días.
Una vez casados, Charles, conocido como el “Príncipe de los Predicadores”, continuó su trabajo y fue la expansión del reino del Creador. Susannah, por su parte, empezó su propio ministerio como esposa y madre de los gemelos Charles y Thomas, y luego se preparó para ayudar a los pastores necesitados en los años venideros.
En 1868, su salud se vio afectada duramente por una severa enfermedad que la llevó a ser prisionera del dolor. Por tal motivo, debió ser operada por el cirujano James Simpson, de origen escocés, aunque la cirugía la acercó a la muerte. Sin embargo, quedó condenada a estar confinada en su dormitorio durante varios años.
El Fondo del Libro
Aunque débil y enferma, siguió sirviendo al Mesías desde su vivienda. A mediados de 1875, su esposo le encargó dirigir a sus estudiantes para conocer su opinión. “Ojalá pudieras reunir las ideas de todos los pastores, pedirles sus respuestas, y yo les replico de inmediato: ‘Entonces, ¿por qué no hacerlo?’”.
En la citada coyuntura, aunque no lo supiera, germinó el Fondo del Libro, proyecto establecido para contribuir al fortalecimiento del ministerio pastoral, que comenzó con un cúmulo de monedas reunidas por ella en un mínimo intervalo. El dinero cubría la impresión de 200 ejemplares del material de su compañero de fe.
En un momento posterior, por intermedio de su revista “La espada y la paleta”, fundada en 1865, el reverendo Spurgeon abordó el tema de los muchos portavoces de la Palabra que deseaban nuevos libros para aumentar su conocimiento, mejorar su labor doctrinal, y fortalecer su sabiduría y piedad interior. Con esta situación, se había creado para atender esta urgencia.
La publicación del reconocido predicador dio lugar a una avalancha de mensajes de cristianos financieros de miles de seguidores del Rey de Reyes que garantizaron la idea trazada por su consorte. Gracias a la generosidad del pueblo de Dios, ella pudo enviar paquetes de obras a los ministros del Reino Unido de escasos recursos todos los días, a partir de septiembre de 1875.
Fe conmovedora
El paso de los días, meses y años sólo sirvió para demostrar la magnitud de la necesidad cubierta por el Fondo del Libro. Durante más de 28 años el buzón de correspondencia de esta organización siempre estuvo colmado de cartas de agradecimiento que atestiguaban la trascendencia de su quehacer altruista afianzado en las Sagradas Escrituras.
Los esfuerzos de la hermana Susannah no se limitaron al suministro de libros por un tiempo prolongado. A principios de 1877, una amiga puso a su disposición una suma considerable de dinero con el cual amplió su radio de acción al auxilio de los reverendos que tenían apuros económicos. Al instante, creó un Fondo de Ayuda para los Pastores.
El progreso significativo cuando dos amigas le proporcionaron los medios para enviar “La Espada y la Paleta” durante un año a sesenta siervos atrapados por la miseria.
Obra realizada con fe conmovedora, motivada por el puro amor a Dios y el deseo de ayudar a los portavoces del Evangelio, el Fondo de Libro y sus ramificaciones asistió también a muchos misioneros con subvenciones para potenciar sus funciones y amparó a predicadores nativos de las Indias Occidentales, África y otros lugares.
Hermoso ejemplo
El trabajo más importante de Susannah Thompson de Spurgeon fue, por supuesto, su participación en la edición y redacción de la autobiografía de su ilustre esposo. Asimismo, publicó una serie de tres pequeños compendios devocionales: “Un racimo de alcanfor, o palabras de aliento”, “Coronas de flores amables y afligidas”, “Un cántico de campañas” y “Una canasta de frutas de verano”.
El 22 de octubre de 1903, a las 8:30 a. m., murió a consecuencia de una letal enfermedad. Pese a su notoria aflicción en los últimos años de su existencia, se mantuvo firme en los caminos del Señor. Por medio de su fe y servicio, desarrolló el Fondo del Libro que llegó a distribuir más de 200 000 volúmenes y entrenó a más de 25 000 pastores en distintas naciones.
Pese a que se le reconoció como la esposa del “Príncipe de los Predicadores”, su heroísmo espiritual, su llenura del Espíritu Santo, como guardiana de los valores de la Biblia y edificada en la Palabra, la hacen ver una biografía de una mujer de Dios que ahora descansa en los brazos del consuelo del Padre Eterno.
