El documento —el sexto informe anual del programa de Asistencia Médica para Morir (MAID)— muestra que, aunque el incremento más notable se dio entre 2019 y 2020 (con un salto del 36,8 %), el número siguió creciendo un 6,9 % adicional entre 2023 y 2024. Aunque las autoridades señalan que la tasa “empieza a estabilizarse”, reconocen que tomará años entender el impacto total del programa.
A pesar de la gravedad de la cifra, la ministra de Salud, Marjorie Michel, presentó el informe con un tono positivo, asegurando que el programa protege a las personas vulnerables y promueve la “libertad de elección y autonomía personal”.
Sin embargo, los propios datos del informe muestran un panorama muy distinto.
Motivos inquietantes detrás de las solicitudes de eutanasia
Aunque 23.000 personas solicitaron MAID en 2024, casi una quinta parte de ellas padecía condiciones graves pero no terminales, como diabetes, enfermedades autoinmunes o dolor crónico, lo que evidencia un uso cada vez más amplio del programa.
Más preocupante aún:
- El 4 % de quienes recibieron aprobación no tenía diagnóstico terminal ni una expectativa cercana de muerte.
- El 23 % aseguró sentir aislamiento o soledad, y
- Cerca del 50 % manifestó que solicitó la eutanasia por sentirse una carga para su familia o cuidadores.
Para muchos críticos, estos números revelan una crisis moral y social, donde la respuesta al sufrimiento se vuelve peligrosamente pragmática.
La activista canadiense Amanda Achtman advirtió en X:
“La AMM sigue representando una cifra altísima de muertes y evidencia una crisis cultural más profunda de significado y cuidado”.
Temores de expansión del programa
La preocupación crece porque el gobierno planea ampliar la elegibilidad de MAID para 2027, incluyendo a personas cuya única condición subyacente sea una enfermedad mental.
Además, un comité legislativo conjunto ha recomendado que el programa se extienda incluso a menores de edad considerados “maduros”.
Diversas organizaciones, como el Life Institute, han pedido una revisión internacional de derechos humanos antes de seguir avanzando con la agenda. Argumentan que las poblaciones más vulnerables —personas con discapacidad, enfermos crónicos, ancianos y personas en situación de pobreza o aislamiento— están siendo empujadas hacia la eutanasia como “solución”.
El caso de Roger Foley, un canadiense con una enfermedad cerebral incurable, se ha vuelto emblemático. Foley denunció que personal del hospital le sugirió optar por MAID como salida a sus dificultades.
“Estoy luchando hasta mi último aliento, pero me enfrento a un régimen cruel y sediento de sangre”, declaró al Daily Mail.
La conocida presentadora Lisa Carr expresó al Life Institute que personas como ella, con discapacidad, ahora se sienten “amenazadas y asustadas” ante la presión social hacia la eutanasia.
Un mensaje preocupante para la sociedad
Sandra Parda, del Instituto Vida, cuestionó duramente el rumbo del país:
“¿Qué mensaje se envía a la comunidad con discapacidad cuando tantas muertes autorizadas no eran razonablemente previsibles? ¿Qué dice esto sobre el valor que le damos a la vida humana?”
Para ella y muchos otros, el aumento masivo de muertes por eutanasia es inquietante, no solo por las cifras, sino porque la sociedad está adoptando la idea de que la muerte es la respuesta al sufrimiento, en lugar de fortalecer los sistemas de apoyo, la compasión y los cuidados paliativos.
Una reflexión necesaria
El aumento acelerado de muertes por eutanasia en Canadá representa algo más que estadísticas: refleja una crisis espiritual y cultural, donde la vida humana pierde valor y el sufrimiento deja de ser acompañado para comenzar a ser eliminado.
Desde una perspectiva cristiana, esto plantea preguntas urgentes:
- ¿Cómo acompañamos a quienes sufren?
- ¿Qué papel juega la Iglesia ante sistemas que promueven la muerte como salida?
- ¿Cómo defendemos la dignidad humana en sociedades que se secularizan cada vez más?
El debate ético, espiritual y social continuará creciendo. Mientras tanto, miles de familias lloran la pérdida de seres queridos que lo que realmente necesitaban era apoyo, compañía y esperanza.
