Navi Pillay, jurista sudafricana reconocida recientemente con el Nobel de la Paz, fue jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, magistrada de la Corte Penal Internacional y Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. También presidió la comisión que investigó los crímenes cometidos durante la guerra desencadenada por el ataque de Hamás a Israel.
Sus conclusiones sobre ese ataque perpetrado el 7 de octubre de 2023 abren una gran interrogante.
La comisión encabezada por Pillay reconoció violencia sexual contra mujeres israelíes en distintos lugares y con patrones similares, pero dijo no tener pruebas suficientes de que Hamás hubiera ordenado esos ataques. Sin embargo, admitió que no entrevistó a ninguna sobreviviente de violación sexual. Entonces, ¿sobre qué base pudo concluir que no existieron órdenes de Hamás?
Al investigar abusos contra palestinos por fuerzas israelíes en Gaza, sostuvo que la repetición y gravedad de determinadas prácticas permitían concluir que algunas habían sido ordenadas o toleradas por autoridades israelíes.
¿Por qué la repetición de hechos similares no bastaba para demostrar que Hamás los había ordenado, pero sí fue considerada un indicio de prácticas ordenadas o toleradas por autoridades israelíes?
MENOS GRAVE
Pillay también ha puesto el 7 de octubre y la guerra en Gaza en el contexto de los años de ocupación y sufrimiento de los palestinos. Pero ¿puede ese contexto hacer que los crímenes de Hamás parezcan menos graves?
Entender el contexto es importante, pero no puede hacer que unas víctimas parezcan más importantes que otras.
Los civiles israelíes asesinados el 7 de octubre también tenían familias. Los niños secuestrados tenían padres. Las víctimas de violencia sexual merecen ser escuchadas. Y los civiles palestinos también merecen justicia.
La verdadera paz no puede tener dos varas.
