EL VALOR DEL MINISTERIO HUMILDE Y SILENCIOSO
DENTRO del grupo de apóstoles había uno que se llamaba «Lebeo, por sobrenombre Tadeo» (Mt. 10:3; Mr. 3:18), también conocido como Judas, pero no el Judas Iscariote, sino «Judas hermano de Jacobo» (Lc. 6:16).
También había un «Jacobo hijo de Alfeo» (Mt. 10:3), no era Jacobo hermano de Juan, era otro Jacobo, hijo de uno que se llamaba Alfeo. Se le conoce frecuentemente como «Jacobo el menor» (Mr. 15:40).
De ellos no se sabe nada, solo se sabe que eran apóstoles, y que el Señor los llamó igual que a los demás. La Biblia menciona sus nombres en la lista de los apóstoles, pero no registra acciones o discursos específicos suyos, lo que sugiere un ministerio humilde y silencioso.
LA IDENTIDAD DE JUDAS ISCARIOTE Y LA DIVERSIDAD EN EL LLAMADO
Ahora tengo que hablarle de uno más, uno que lamentablemente es bien conocido, «Judas Iscariote» (Mt. 10:4). Judas era un nombre común en esa época, y hay otros Judas mencionados en el Nuevo Testamento. Uno de los otros discípulos también se llamaba Judas (Jn. 14:22), y otro era uno de los medio hermanos de Jesús (Mr. 6:3). Para diferenciar, Juan 6:71 y Juan 13:26 se refieren a «Judas Iscariote, hijo de Simón» para referirse a Judas el traidor de Cristo.
Hermanos míos, todo grupo que el Señor llama tiene estas características. Así como el Señor llama a un Natanael a quien encomia, y a un Felipe a quien necesita arreglar, y a un Pedro a quien necesita moldear, etc. También puede venir el Judas, el Judas que empezó teniendo problemas, que nunca quiso cambiar, nunca quiso entender que el reino de Dios no era lo que él creía, no quiso cambiar, voluntariamente no lo quiso hacer.
Jesús le otorgó a Judas una gran oportunidad y un voto de confianza al nombrarlo tesorero. No era que el Señor no lo conocía, claro que lo conocía. Judas era el tesorero del grupo, pero lamentablemente usó esta posición de confianza para robar, «teniendo la bolsa sustraía de lo que se echaba en ella» (Jn. 12:6).
Obrero de Dios, hay que tener cuidado con el dinero del Señor, porque el germen de Judas está presente en todo ministerio.
Desde que empiezas a poner excusas para no cumplir tus deberes financieros con la obra de Dios, tus defensas están bajando, tus defensas espirituales se están debilitando. ¡Cuidado con el germen de Judas! Por ahí empieza, y se desarrolla hasta llegar a la traición, se desarrolla hasta llegar a vender al Señor Jesucristo.

DE LOS PEQUEÑOS HURTOS AL SAQUEO DE LA OBRA DE DIOS
Hoy hay muchos que hasta se han quedado con templos y han saqueado las arcas de la bendita obra de Dios, se han vuelto vándalos, se han robado hasta sillas y equipos de la obra de Dios. No empezaron así, solo sustraían pequeñas cosas; pero como el germen de Judas está ahí y se desarrolló, porque le dieron lugar a su carne y al diablo.
Ningún discípulo sospechaba de Judas, pero al final terminó completamente dominado por el enemigo, destruyendo su vida y teniendo un desenlace trágico y sin provecho real.
La historia de Judas nos enseña a guardarnos en contra de defectos pequeños y graduales que ganan fuerza y poder en nuestras vidas y que podrían abrir la puerta a influencias más mortíferas. Su historia también es un gran recordatorio de que las apariencias pueden engañar. Jesús dijo: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad» (Mt. 7:22-23).
