La Enciclopedia Británica documenta que en 1845 un joven médico llamado Ignaz Semmelweis se horrorizó por la terrible tasa de mortalidad de las mujeres que daban a luz en los hospitales de Viena. Hasta un treinta por ciento moría después del parto. Semmelweis observó que los médicos examinaban los cuerpos de los pacientes fallecidos y luego, sin lavarse las manos, iban directamente a la sala contigua a examinar a las madres embarazadas. Esta era su práctica habitual, pues se desconocía la existencia de los microorganismos causantes de enfermedades.
Semmelweis insistió en que los médicos se lavaran las manos antes de cada examen, y la tasa de mortalidad cayó de inmediato al dos por ciento.
Obsérvense las instrucciones específicas que Dios le dio a su pueblo miles de años atrás cuando tenían contacto con la enfermedad: «Cuando se hubiere limpiado de su flujo el que tiene flujo, contará siete días desde su purificación, y lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en aguas corrientes, y será limpio» (Levítico 15:13).
Los médicos se lavaban las manos en un recipiente con agua, hasta hace pocos años, dejando los gérmenes invisibles en ellas. Sin embargo, la Biblia habla específicamente de lavarse en «chorro de agua».
LAS BACTERIAS
«Y… no comeréis carne destrozada por las fieras en el campo; a los perros la echaréis» (Éxodo 22:31). Dios estableció para Israel la prohibición de comer carne que pudiera estar contaminada por bacterias, miles de años antes de que la ciencia moderna las identificara.
La Biblia enseña que los bebés varones han de ser circuncidados al octavo día (Génesis 17:12). La medicina ha descubierto que ese es el día en que el factor de coagulación sanguínea conocido como protrombina alcanza su nivel más alto: llega a su punto máximo en el octavo día y luego disminuye. La ciencia médica también ha descubierto que esto coincide con el momento en que el sistema inmune del cuerpo humano se encuentra en su punto más alto.
LAS NORMAS DE CUARENTENA
La Biblia destacó la importancia de los períodos de cuarentena para las personas con enfermedades infecciosas mucho antes de que la ciencia médica los estableciera. Las Escrituras indicaron a los hijos de Israel en 1490 a. C. lo que debían hacer si un hombre tenía lepra: «Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada» (Levítico 13:46). Las normas de cuarentena no fueron adoptadas por la medicina moderna hasta el siglo XVII.
Los pacientes enfermos y los muertos permanecían en las mismas habitaciones que el resto de la familia durante la devastadora Peste Negra del siglo XIV. La gente se preguntaba por qué la enfermedad afectaba a tantas personas a la vez y atribuía estas epidemias al “aire contaminado” o a los “malos espíritus”. No obstante, haber prestado atención cuidadosa a las prescripciones médicas de Dios reveladas en Levítico habría salvado incalculables millones de vidas. Arturo Castiglioni escribió sobre la gran importancia de esta norma médica bíblica: “Las normas contra la lepra en Levítico 13 pueden considerarse como el primer modelo de legislación sanitaria”‘.
