LAS CIFRAS DEL MUNDO GRITAN: URGENTE, LA FAMILIA NECESITA ESPERANZA

Cuando las oportunidades parecen cerrarse, la esperanza se vuelve una necesidad. Perderla puede llevarnos no solo a dejar de soñar, sino también a renunciar a aquello que aún es posible reconstruir: matrimonio, estudios, proyecto de vida o incluso las ganas de seguir adelante.

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SIN ESPERANZA, LA SOCIEDAD SE DAÑA

Las estadísticas de organismos internacionales muestran la dimensión de los desafíos que enfrentan millones de personas y familias. La OMS estima 727.000 muertes por suicidio en 2021, tercera causa de muerte entre los 15 y 29 años; el 73 % ocurrió en países de ingresos bajos y medianos.

En América Latina y el Caribe, UNICEF advierte que más de 10 adolescentes mueren por suicidio cada día, cerca de 4.200 al año. La fragilidad familiar también se refleja en Europa: unos 700.000 divorcios en la Unión Europea durante 2024, equivalentes a 1,6 por cada 1.000 habitantes, según Eurostat.

A esto se suman las adicciones. La UNODC reportó que 316 millones de personas utilizaron drogas en 2023, según su World Drug Report 2025, una cifra que revela la magnitud mundial del consumo de sustancias y sus consecuencias sociales.

La violencia constituye otra expresión de esta realidad. En 2023, América Latina y el Caribe registró 19,7 homicidios por cada 100.000 habitantes, la tasa regional más alta del mundo. Además, cerca del 60 % de las mujeres víctimas de homicidio fueron asesinadas por sus parejas o familiares.

Detrás de cada cifra hay una vida, una familia y una historia: padres que pierden a sus hijos, hijos que crecen con ausencias que nunca eligieron, matrimonios que se rompen y personas que sienten que sus oportunidades se han agotado.

Y frente a esta realidad surge una pregunta inevitable: ¿es posible volver a empezar?

TRES HISTORIAS QUE DEMUESTRAN QUE SÍ SE PUEDE
En Perú, Harold Figueras y Mariela Villanueva estuvieron separados cinco años. En 2009, Mariela decidió orar no solo por la reconciliación, sino para que Harold se acercara a Dios. Finalmente se reconciliaron y hoy, más de 15 años después, continúan juntos y tienen tres hijas.

En Zambia, Nkumbu, de 24 años, abandonó dos veces Medicina debido a su dependencia del alcohol. En rehabilitación conoció personas que le ayudaron a recuperar la confianza y la esperanza. Seis meses después, volvió a estudiar para convertirse en médico.

En Filipinas, Samira sufrió abuso sexual a los 13 años y dio a luz un año después. Con el apoyo de su tía, trabajadores sociales y programas de protección, regresó a la escuela y reconstruyó su proyecto de vida. Hoy sueña con ser enfermera; UNICEF tituló su historia “Sanar con esperanza”.

LA ESPERANZA VIENE DE DIOS

Para los cristianos, la esperanza tiene su fundamento en Dios, a quien la Biblia presenta como su fuente: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13, RVR1960). La fe no niega las crisis ni las heridas, pero afirma que ninguna circunstancia tiene necesariamente la última palabra, porque Dios puede restaurar, transformar y abrir caminos.

Ese es el mensaje de la mega convención evangelística “Familia, Hay Esperanza”, que se realizará en Perú del 8 de octubre al 1 de noviembre, en Tarapoto, Cusco, Huaraz y Lima.

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