PÚLPITO Y PODER: CÓMO EL VOTO EVANGÉLICO DEFINE EL RUMBO DE SUDAMÉRICA

Los bloques religiosos avanzan en los congresos sudamericanos, pero los fieles se dividen por miedo a que se use la fe para conseguir poder político.

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El mapa de la política en Sudamérica está cambiando de forma muy profunda porque la religión y el poder público ahora caminan juntos. Las iglesias evangélicas dejaron de ser grupos pequeños para convertirse en fuerzas capaces de decidir elecciones, quitándole el control que antes tenía la Iglesia Católica en la región.

Un ejemplo muy claro de esto ocurre en Brasil. Allí existe la llamada “bancada evangélica” en el Congreso. Este grupo de políticos cristianos es tan grande que decide si se aprueban o no las leyes y presupuestos del país. Actualmente, impulsan una Agenda Legislativa estricta orientada a endurecer las penas contra el crimen, proteger la primera infancia y bloquear leyes sobre el aborto. Eventos masivos como la Marcha para Jesús sirven para demostrar su gran poder, logrando que los líderes presidenciales asistan para ganarse el voto de los fieles.

bancada evangélica de brasil orando Foto: Saulo Cruz/Agencia Cámara

En otros países como Perú y Colombia, varios partidos fundados por pastores o con raíces cristianas tienen una fuerte representación en el parlamento:

  • En el caso peruano, los legisladores de fe concentran sus esfuerzos en reformar la educación pública. Han impulsado proyectos para que las iglesias evangélicas puedan firmar convenios con el Estado y administrar directamente colegios públicos, defendiendo la idea de la “familia tradicional”.
  • En el escenario colombiano, agrupaciones como el Partido MIRA enfocan la política cristiana en la economía social. Sus acciones se centran en aprobar leyes para generar empleo juvenil, dar apoyo económico a cuidadores de personas con discapacidad y formalizar a los trabajadores independientes.

EL ARGUMENTO A FAVOR: UN MANDATO DE DIOS PARA GOBERNAR

Los cristianos que apoyan la participación en la política aseguran que trabajar en el gobierno es una forma de servir a Dios y ayudar al prójimo. Para defender esta postura, usan ejemplos y textos de la Biblia como:

  • José y Daniel: Dos personajes bíblicos que gobernaron en imperios muy poderosos (Egipto y Babilonia). Su trabajo salvó vidas y demostró que un creyente puede administrar un país con sabiduría.
  • Proverbios 29:2: “Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra…”. Usan este verso para decir que la gente buena y con temor de Dios debe gobernar para que haya justicia.
  • Mateo 5:13-14: Donde Jesús pide a sus seguidores ser “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”. Los políticos cristianos creen que si ellos no participan, el gobierno se queda en la oscuridad moral.

LA OTRA CARA: POR QUÉ NO SE DEBE MEZCLAR LA IGLESIA CON LA POLÍTICA

A pesar del éxito electoral, muchos cristianos en Sudamérica aseguran que es un error grave mezclar la fe con los partidos políticos. Iglesias tradicionales y líderes comunitarios defienden esta separación basados en lo siguiente:

  • Juan 18:36: Cuando Jesús le dijo claramente al gobernante Poncio Pilato: “Mi reino no es de este mundo”. Quienes se oponen a la política dicen que el plan de Jesús era espiritual y no para buscar el poder de un país.
  • El uso de la fe: Muchos fieles critican que algunos pastores usen el altar para pedir votos por candidatos específicos. Esto causa peleas y divisiones graves entre los miembros de la misma iglesia.
  • La pérdida de confianza: Cuando un político que se dice cristiano comete actos de corrupción, la reputación de toda la iglesia queda manchada. Por eso, prefieren que la iglesia se mantenga afuera para poder criticar lo malo con libertad.

La presencia evangélica en la política de Sudamérica demuestra que la religión ya no es algo que se vive solo dentro del templo, sino un factor que define quién gobierna. El gran reto actual es lograr que los ciudadanos religiosos participen sin destruir la neutralidad del Estado laico y sin perder los valores espirituales de su propia fe.

El debate sobre cuánta influencia debe tener la religión en el gobierno seguirá siendo uno de los temas más difíciles y discutidos en las democracias de toda la región.

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