MANSO Y HUMILDE
En nuestras relaciones con nuestros semejantes, la presencia de esta virtud se llama «mansedumbre». En nuestras relaciones con Dios, la presencia de esta virtud se llama «humildad». Jesucristo dijo: “Yo soy manso y humilde de corazón”. Fue “manso” para con los hombres; pues fue ignorado, despreciado, desechado, perseguido, calumniado.
ES HUMILDE DE CORAZÓN
Nuestro Señor Jesucristo también fue “humilde de corazón”. Fue humilde en sus relaciones con el Padre. ¡Ejemplo grandioso, ejemplo único de humildad! ¡Quien sea realmente humilde es grande, y quien sea realmente grande es humilde!
SE HUMILLÓ HASTA LO SUMO
Y desde luego hay un propósito eterno por el cual el Verbo eterno se humilló al máximo, esto es, «para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). El Hijo de Dios se hizo hombre para hacer a los hombres hijos de Dios. ¿Y cuál fue el sentir que hubo en Cristo Jesús? Fue el sentir, la actitud, la disposición de su voluntaria humillación para salvar al hombre.
PASOS DESCENDENTES
En su propia y voluntaria humillación él desciende siete escalones desde su posición eterna:
- Cedió Su derecho de permanecer en forma de Dios. No se aferró a su derecho inalienable de permanecer «en forma de Dios».
- Se despojó a Sí mismo de su forma de Dios. Se hizo de ninguna reputación, se vació de «aquella gloria que tuvo» junto al Padre.
- Tomó forma de siervo. Y siendo soberano se hizo «siervo», y siendo rico «se hizo pobre».
- Se hizo semejante a los hombres, en forma humana. Siendo Dios, se hizo hombre; rodeado de gloria y esplendor, se hizo «varón de dolores».
- Se humilló a Sí mismo. Nunca buscó glorias ni reconocimientos humanos. Vino a ser el más humilde de todos los hombres.
- Se hizo obediente hasta la muerte. El sexto escalón que el eterno Verbo descendió fue «haciéndose obediente hasta la muerte».
- Y muerte de cruz. Murió sin ninguna estimación ni distinción humana. Fue cortado violenta, engañosa e injustamente en el vil patíbulo de la cruz. Y así, el capitán de nuestra salvación convertía la cruz en trono.
FUE EXALTADO
Por tanto, Dios le resucitó de entre los muertos; «Dios también le ensalzó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla…» (Filipenses 2:9-11, RVR1909).
Amados, habiendo sido el Señor exaltado a lo sumo —siendo Admirable, Rey de reyes, Señor de señores, Sumo Sacerdote, Redentor, Todopoderoso, Ungido, Verbo de Dios, Vida Eterna, el gran Yo Soy—, él sigue siendo humilde, pues se requiere serlo para seguir prestando servicio en el cielo en favor de los suyos.
Amado lector, nuestro adorado Salvador Jesucristo nos sigue diciendo: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mateo 11:29).
