UN RESPIRO DE FE

Una cruel enfermedad crónica se interpuso en el camino de Ozemilton, pero, aun en los momentos más críticos, su confianza en Dios jamás decayó. Esa fe inquebrantable marcó el verdadero rumbo de su historia, concediéndole la anhelada sanidad que le abrió las puertas al llamado divino.

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Ozemilton Cardoso Damasceno sufrió de asma crónica desde su nacimiento. A pesar de su delicada salud y las severas crisis que angustiaban a su familia, logró destacar en el fútbol en Manaos gracias al control médico, quedando a un paso de convertirse en profesional a los 16 años.

Justo cuando iba a iniciar su carrera futbolística, escuchó una transmisión radial de un culto donde un pastor convocaba a los jóvenes a la obra de Dios. Este mensaje impactó tanto a Ozemilton que abandonó su sueño deportivo para dedicarse por completo al servicio religioso.

Se entregó a la oración y al ayuno, y fundó una comunidad en un barrio peligroso, logrando apartar a muchos jóvenes de las pandillas. Sin embargo, su labor era una constante agonía, ya que después de predicar se quedaba sin oxígeno y requería auxilio inmediato.

Durante un culto, una predicadora invitada profetizó que Dios sanaría a un joven con asma crónica para que pudiera cumplir con un gran ministerio. Ozemilton pasó al altar con fe y en ese instante fue sanado por completo de sus pulmones.

Al borde de la muerte
Ozemilton nació el 3 de marzo de 1979 en Manaos (Amazonas, Brasil) dentro de un hogar cristiano, pero su infancia estuvo marcada desde el primer día por una batalla constante contra el asma crónica y una insuficiencia respiratoria severa.
Creció en el campo brasileño en un entorno humilde, donde su padre, Elías Damasceno, se dedicaba a trabajos físicos muy duros como la pesca, el corte de madera y la extracción de recursos naturales (castaña y caucho).
El clima empeoraba sus crisis respiratorias nocturnas. Al no tener acceso a médicos ni a tratamientos de salud modernos, su familia dependía exclusivamente de remedios caseros para intentar aliviar sus dolores.
A pesar del sufrimiento, Ozemilton nunca cuestionó a Dios. Encontró refugio en la iglesia y en la Escuela Dominical, a donde lo llevaba su madre, Ocinete Cardoso, manteniendo siempre la firme esperanza de que algún día recibiría un milagro.

Al fútbol profesional
A los 15 años, Ozemilton y su familia se mudaron a la capital, donde él logró acceder a medicamentos reales que por fin controlaron su asma.
Con una mejor salud, se dedicó a su pasión y destacó por su gran talento, llegando a ser el mejor jugador de su barrio.
Fue seleccionado para integrarse a un prestigioso equipo en otro estado de Brasil, quedando a las puertas del fútbol profesional.

El llamado de Dios
A los 16 años, tras escuchar un culto por radio, Ozemilton abandonó el fútbol para entregarse por completo a la iglesia a través del ayuno y la oración.
Abrió una misión en una zona peligrosa de Manaos dominada por pandillas, logrando que muchos jóvenes cambiaran sus vidas y se convirtieran al cristianismo.
A pesar de su éxito espiritual, su asma seguía siendo crítica; tras cada predicación colapsaba por falta de aire, lo que le hacía temer que moriría joven.

El milagro inesperado
A los 18 años, durante un culto, una predicadora invitada profetizó la curación de un joven con asma crónica. Ozemilton pasó al altar por fe y fue sanado por completo en ese instante.
Tras desaparecer los ataques de asma, su cuerpo cambió drásticamente; dejó atrás la extrema delgadez que le impedía ganar masa muscular, subiendo de peso y llenándose de vitalidad.
Esta curación sobrenatural fue la prueba definitiva para él y su congregación de que Dios lo había elegido para el ministerio pastoral.

Un comienzo en la obra
A los 19 años se casó con Suely Reis. Tras superar dificultades para concebir, nació su única hija y ese mismo año asumió el pastorado.
En 2009, en medio de una crisis ministerial, conoció al pastor Henry Ramos. Tras asistir a una convención en Colombia, él y su esposa decidieron unirse al Movimiento Misionero Mundial.
Hoy forma parte de la oficialidad nacional, enseña y escribe. Al mirar atrás, ve toda su vida (marcada por la enfermedad y sueños cambiados) como un milagro guiado por el propósito de Dios.

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