| octubre 31, 2026

31 de octubre: la Reforma que llevó la Biblia a las manos del pueblo

Lutero encendió en Europa el acceso libre a las Escrituras. Su fuego cruzó fronteras y alcanzó al mundo; hoy, quienes recibimos ese legado no podemos retroceder.

 

Hace 509 años, un día como hoy, el 31 de octubre de 1517, Martín Lutero presentó sus 95 tesis en Wittenberg, Alemania. Aquel hecho sacudió Europa y cambió la historia del cristianismo.

En sus tesis, Lutero cuestionó, entre otras prácticas, que se pidiera dinero por indulgencias, presentadas ante el pueblo como un medio para obtener el perdón de los pecados y la salvación de las almas. Su mensaje encendió una controversia que cruzó fronteras y abrió paso a la Reforma.

Pero no fue simplemente la protesta de un hombre contra un sistema. Volvió a resonar una verdad que ningún poder humano puede negar: Jesucristo pagó el precio por nuestros pecados al morir en la cruz del Calvario. Su sangre fue derramada para que todo aquel que se arrepiente de verdad y cree en Él pueda recibir el perdón, acercarse a Dios y alcanzar la salvación.

La Reforma puso las Escrituras en el centro. Con la imprenta, la Biblia y el mensaje de los reformadores cruzaron ciudades y naciones. Pero llevar la Palabra al pueblo tuvo un precio. Lutero fue excomulgado y perseguido, y otros traductores y creyentes sufrieron censura, exilio, prisión y hasta la muerte. William Tyndale fue ejecutado en 1536 por traducir y difundir las Escrituras en inglés. Pero no pudieron detener la Palabra: siguió cruzando fronteras y llegando a más personas.

Hoy tenemos la Biblia al alcance de la mano, incluso en un teléfono. Pero la pregunta permanece: ¿qué lugar ocupa la Palabra de Dios en nuestra vida?

Aquellos hombres enfrentaron persecución por su fe. Nosotros no podemos retroceder. La Palabra debe seguir ardiendo en nuestros corazones, confrontando el pecado, llamándonos al arrepentimiento y acercándonos a Cristo.

“Porque no me avergüenzo del evangelio de Cristo; porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.” (Romanos 1:16)

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