Boko Haram, surgido a principios de los años 2000, se originó en un contexto de creciente resentimiento en el norte de Nigeria, que es predominantemente musulmán. La fricción con el sur, cristiano y económicamente próspero, ha alimentado un ambiente de tensión religiosa. Tras la represión violenta de sus líderes en 2009, Boko Haram se transformó en una insurgencia armada que promueve un califato gobernado por una interpretación estricta de la ley islámica. Su líder, Abubakar Shekau, hizo declaraciones explícitas sobre su deseo de destruir el cristianismo, declarando que disfrutaba matando a cualquier persona que Dios le ordenara.
Bajo el liderazgo de Shekau, el grupo desató una serie de masacres, atentados suicidas y secuestros, como el infame secuestro de más de 270 niñas en Chibok, en 2014. Aunque el ejército nigeriano ha logrado recuperar algunas áreas, la amenaza de Boko Haram sigue siendo latente.
La dimensión del sufrimiento cristiano en Nigeria
Según Puertas Abiertas, una organización que monitorea la persecución cristiana, Nigeria es uno de los países más peligrosos del mundo para ser cristiano. En 2024, casi 8 de cada 10 cristianos asesinados por su fe en todo el mundo eran nigerianos. En el periodo analizado, 4118 cristianos fueron asesinados, lo que representa el 82% de las muertes globales. Las cifras de 2025 no son menos alarmantes: más de 2800 cristianos han sido secuestrados y 3100 asesinados en lo que va del año. Las iglesias han sido atacadas y miles de cristianos han tenido que abandonar sus hogares.
¿Por qué se resiste a reconocer un «genocidio»?
A pesar de la evidencia, el gobierno nigeriano rechaza el término «genocidio cristiano», argumentando que la violencia de Boko Haram no se limita solo a cristianos. De hecho, el grupo también ha atacado a musulmanes, lo que ha llevado a algunos a argumentar que el conflicto no es exclusivamente religioso. Para las autoridades nigerianas, presentar el conflicto como una persecución exclusivamente religiosa sería una simplificación peligrosa. El gobierno también teme que este enfoque pueda tener implicaciones geopolíticas, como una mayor presión internacional y sanciones económicas, como las que propone el proyecto de ley de Ted Cruz, que clasificaría a Nigeria como un «País de Particular Preocupación» (CPC) por violaciones a la libertad religiosa.
Reflexión
Como cristianos, no podemos quedarnos indiferentes ante el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas en Nigeria. Aunque las dinámicas políticas y geopolíticas son complejas, la persecución religiosa sigue siendo un hecho palpable. Es nuestra responsabilidad, como cuerpo de Cristo, levantar la voz en favor de aquellos que sufren por su fe, orar por ellos y, si es posible, actuar para que reciban ayuda.
La historia de los cristianos nigerianos nos recuerda que la persecución es real y que debemos mantenernos firmes en la fe, como nos enseña Romanos 8:28 (RV60):
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Su lucha es nuestra lucha, y su sufrimiento, nuestra llamada a la acción y la oración. Dios les bendiga estimada Comunidad de Impacto Evangelístico.
