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05 de Mayo del 2017

La deidad de Jesucristo

Suelen presentarse cierto número de objeciones o dificultades intelectuales con respecto a la deidad de Cristo. Este artículo discute brevemente algunas de ellas, en particular aquellas que surgen entre las personas que están familiarizadas con afirmaciones y fraseología bíblicas.

  • La deidad de Jesucristo

Josh McDowell y Bart Larson

Una de las primeras objeciones está referida a la frase que Jesucristo pronunció: “El Padre es mayor que yo”. Sin duda, esto muestra que la posición de Cristo es algo inferior a la de Dios. Es una dificultad que suele presentarse con frecuencia.

Es verdad que en su papel como siervo en tanto que estuvo en la tierra, Jesús ocupó un lugar inferior en rango al Padre. Este rango, sin embargo, no niega su naturaleza divina. En este mismo pasaje, Jesús dijo a Felipe: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

Esta afirmación deja en claro que Jesús y el Padre son una sola naturaleza. El haber visto a uno era haber visto al otro (comparar Juan 12:44-45). Por tanto, las palabras de Jesús de que el Padre era mayor que Él se referían a su posición temporal, no a su ser.

Aquí vamos a citar de modo extenso a Arthur W. Pink en su excelente obra sobre este pasaje, Exposition of the Gospel of John: “Mi Padre es mayor que yo”. Este es el versículo favorito de los unitarios, que niegan la Deidad absoluta de Cristo y su perfecta igualdad con el Padre… El Salvador acababa de decir a los apóstoles que debían gozarse porque Él iba al Padre, y luego les da esta razón: “Porque mi Padre es mayor que yo”. Tengamos siempre presente esta afirmación y toda dificultad desaparece. Que el Padre fuera mayor que Cristo era la razón asignada de por qué los discípulos debían regocijarse de que el Maestro fuera al Padre. Esto al instante fija el significado de este disputado “mayor”, y nos muestra el sentido en el que es usado aquí. El contraste que el Salvador indica entre el Padre y Él mismo no se refería a la naturaleza, sino al carácter y posición oficial.

Dios, el Padre, es la “cabeza” de otro. La misma relación de mayor a menor queda ilustrada en 1 Corintios 11:3: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo”.

En este pasaje se hacen tres comparaciones: el hombre a Cristo, el hombre a la mujer, y Cristo a Dios. La tercera comparación entre Jesús y Dios es la que estamos discutiendo aquí. Afirmar que “Dios es la cabeza de Cristo”, ¿produce la impresión de superioridad? Nótese que esta comparación tiene que ver con las pautas de autoridad; no implica inferioridad y superioridad. En cambio, cuando estaba en la tierra, a fin de identificarse con el género humano, Jesús se puso voluntariamente bajo la dirección del Padre.

Jesús estaba sujeto al Padre. Otro versículo que nos muestra la relación entre Cristo y el Padre suele causar problemas. “Y cuando todas las cosas le estén sometidas, entonces también el Hijo mismo se someterá al que le sometió a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Co. 15:28). Aquí el verbo someter, también, no implica desigualdad de personas, sino una diferencia en los papeles. La sujeción se refiere solo a la función, y la sumisión no implica necesariamente inferioridad.

Pensémoslo. Para que Dios pueda dar por expiado el pecado del hombre, alguien tiene que someterse a la muerte. No obstante, solo uno que tuviera una capacidad sin límites para expiar el pecado podía hacerlo, solo un hombre perfecto. Él tenía la capacidad ilimitada para expiar, porque Él derramaría su sangre por el género humano. Él tenía que ser perfecto, porque Dios solo acepta sacrificios sin defectos. ¿Quién podía hacerlo? Solo Dios. Y Dios el Hijo derramó su propia sangre por nosotros (Hch. 20:28). La obediencia es una palabra clave.

Como hombre perfecto, Cristo tenía que ser obediente a Dios y de este modo cumplir el plan de Dios para redimir a la humanidad. Jesús se sometió voluntariamente a este plan, a Dios el Padre, a fin de salvar a la humanidad de la separación eterna de Dios.

Jesús fue “engendrado”. Algunos sostienen que el término “unigénito” de Juan 3:16 (también 1:14, 18; 3:18) niega la divinidad de Jesús, implicando que era solo otro ser creado. El término “unigénito”, sin embargo, no significa creado. La palabra engendrado, según se usa en el Evangelio de Juan, significa “único, especialmente bendito o favorecido”. C. S. Lewis ilustra claramente el significado de “engendrado”.

Uno de los credos dice que Cristo es el Hijo de Dios “engendrado, no creado”; y añade “engendrado del Padre antes de todos los mundos”. Hay que entender bien claro que esto no tiene nada que ver con el hecho de que Cristo fuera nacido en la tierra como hombre, este hombre que era el hijo de una virgen. No estamos ahora pensando en el nacimiento virginal. Estamos pensando en algo que ocurrió antes que la Naturaleza fuera creada, antes que empezara el tiempo, “antes que todos los mundos”. Cristo es engendrado, no creado. ¿Qué significa esto?

No usamos la palabra engendrar o engendrado con mucha frecuencia, pero todo el mundo sabe lo que significa. Engendrar es pasar a ser el padre de otro; crear es hacer. Y la diferencia es esta: cuando uno engendra, se engendra a otro de la misma clase. Un hombre engendra niños humanos, un castor engendra pequeños castores, y un pájaro engendra huevos que a su vez serán pajarillos. Pero cuando uno hace, resulta algo diferente del que lo hace. Un pájaro hace su nido, un castor construye un dique, un hombre hace un aparato de radio, o puede hacer algo más semejante a sí mismo que un aparato de radio; es decir, una estatua. Si es bastante hábil puede tallar una estatua que sea verdaderamente muy semejante al hombre. Pero, naturalmente, no será un hombre real. Solo parece. No puede respirar o pensar. No está vivo.

Ahora bien, esta es la primera cosa que hay que tener clara. Lo que Dios engendra es Dios, tal como lo que el hombre engendra es un hombre. Lo que Dios crea no es Dios, tal como lo que el hombre hace no es un hombre. Es por esto que los hombres no son hijos de Dios en el sentido en que lo es Cristo. Son parecidos a Dios en ciertas formas, pero no son cosas de la misma clase. Son más como estatuas o imágenes de Dios.

Jesús era un hombre. Una posible piedra de tropiezo que puede impedir a algunos aceptar la divinidad de Cristo es que se dice claramente en la Biblia que Jesús era un hombre. Por ejemplo, se lee: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Tim. 2:5). Romanos 5:12-21 habla del pecado como expiado por medio del “hombre, Jesucristo” (v. 15).

Aunque es verdad que la Escritura enseña que Jesús era humano, también enseña que era divino. Era un hombre, nacido de la Virgen María, pero era también Dios (Jn. 1:1, 14; 20:28; Col. 2:9; Tit. 2:13; 2 Pe. 1:1; Heb. 1:8).

Pablo pone énfasis en la divinidad de Jesús, diciendo que el mensaje que él da no viene de los hombres ni de un “hombre” sino de “Jesucristo” (Gá. 1:1). Jesús era un “hombre”, pero también era “Yahveh”, “Hijo de Dios”, “Señor de señores”, “Rey de reyes” y “el Alfa y Omega”.

Jesús fue llamado el Primogénito. Algunas personas se quedan confusas sobre la palabra primogénito, pensando que significa el que es creado primero. Esto implicaría que Jesús era solo un ser creado, no preexistente, o eterno, o Dios.

“Primogénito”, sin embargo, no significa “creado primero”. Cuando Pablo afirma que Cristo era “el primogénito de toda la creación” (Col. 1:15) usa la palabra griega prototokos, que significa “heredero, primero en rango”.

Si hubiera querido indicar creado primero, habría usado la palabra griega para “creado primero”, protoktistos. En ninguna parte de la Escritura dice que Dios “creó” a Jesús.

En su Theology on the Person of Christ, Lewis Sperry Chafer escribe: “Este título –a veces traducido nacido primero– indica que Cristo es el Primogénito, el mayor en relación con toda la creación; no la primera cosa creada, sino el antecedente de todas las cosas, así como la causa de ellas” (Col. 1:16). Jesús no podía haber sido el primer ser creado y al mismo tiempo el agente por el cual toda la creación recibió el ser, como afirma de Él la Escritura. Si él era el autor de toda la creación, entonces Él mismo no podía ser creado.

Jesús y Dios estaban “de acuerdo”. Jesús dice: “… yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de las manos de mi Padre. Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:28-30). ¿Estaba Jesús afirmando que Él era el mismo Dios, uno con Él (como el hielo y el agua son “uno” en naturaleza), o estaba diciendo solo que tenían unidad, estaban unidos en el propósito, estaban de acuerdo? El texto indica lo primero.

Primero, los judíos a quienes él estaba hablando –que culturalmente estaban en situación de interpretar sus palabras mejor que nadie 2000 años después– entendieron que Jesús decía que era “Dios”. Tomaron piedras para apedrearle “… por blasfemia; porque siendo hombre te haces Dios a ti mismo”. (Jn. 10:33). Segundo, en griego, la palabra uno es neutro (hen), no masculino (heis), lo cual indica que Jesús y Dios eran uno y lo mismo en esencia. La forma masculina significaría que eran una persona, lo cual negaría la distinción personal entre el Padre y el Hijo.

La sección de Juan que se incluye a continuación es la respuesta de Jesús a la acusación de blasfemia. Para un judío versado en la Ley, sus palabras tienen sentido. El que no está familiarizado con el modo en que los judíos entienden el Antiguo Testamento, puede tener dificultad y fácilmente interpretará mal este pasaje, especialmente en lo que se refiere a la cuestión de la Deidad de Cristo.

El pasaje dice: “Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos” (Jn. 10:34-39).

Gran parte de la confusión tiene que ver con el uso que Jesús hace de la palabra “dioses” (v. 34). Estaba diciendo: “Otros hombres han sido llamados dioses. ¿Por qué no puedo yo llamarme a mí mismo el Hijo de Dios?” (llamándose a sí mismo, de modo indirecto, un hombre, no divino).

La frase “Yo dije, dioses sois” se halla en el Salmo 82:6. La palabra dioses usada en el Salmo es el hebreo  elohim (eloah = “dios”, im = terminación plural = “dioses”). Si bien Dios es llamado Elohim con frecuencia en el  Antiguo Testamento, se usa siempre la forma singular del verbo con Elohim cuando se habla de Dios [“En el principio Dios (plural: Elohim) creó (singular) los cielos y la tierra” (Génesis 1:1)].

En todo caso, el lenguaje de la Biblia es consecuente con la doctrina de la Trinidad, tal como en Mateo 28:19 la palabra nombre (singular en griego) es usada para expresar “el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”. Comprende solo un “nombre”. El término “dioses” (elohim) en el Salmo 82 se refiere a los jueces judíos, hombres que habían de actuar como “Dios” (o dioses) a favor del pueblo, “dios” en el sentido de ser justo, equitativo, etcétera. Evidentemente, no eran literalmente “Dios”. Éxodo 21:1-6 y 22:9, 28 usa el mismo término: la palabra traducida “jueves” en nuestras biblias es realmente elohim.

(Ampliado)

Como hombre perfecto, Cristo tenía que ser obediente a Dios y de este modo cumplir el plan de Dios para redimir a la humanidad. Jesús se sometió voluntariamente a este plan, a Dios el Padre, a fin de salvar a la humanidad de la separación eterna de Dios.

“Primogénito”, sin embargo, no significa “creado primero”. Cuando Pablo afirma que Cristo era “el primogénito de toda la creación” (Col. 1:15) usa la palabra griega prototokos, que significa “heredero, primero en rango”.

En todo caso, el lenguaje de la Biblia es consecuente con la doctrina de la Trinidad, tal como en Mateo 28:19 la palabra nombre (singular en griego) es usada para expresar “el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”.

 

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