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CAUTIVERIO Y LIBERACIÓN DEL OCULTISMO

Rev. Luis M. Ortiz "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios." 1 Timoteo 4:1.

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Nunca antes, en la historia humana, esta amonestación bíblica contra los peligros del ocultismo cobró mayor actualidad, y fue más necesaria como en es­tos postreros tiempos en que estamos vivien­do.

Multitud de personas y aun creyentes en el Evangelio, se encuentran sufriendo opre­sión: física, mental, síquica y espiritual. Muy pocos se dan cuenta de su situación, que es, porque se han relacionado y se han envuel­to en el laberinto del ocultismo, el cual está bajo la influencia y control del poder de las tinieblas.

Si usted ha estado envuelto en prácticas de ocultismo debe saber que ha abierto la puerta a los poderes de tinieblas, de opre­sión y esclavitud. Es con mucha razón que la Santa Biblia, el libro de Dios para el hombre, condena firmemente tales prácticas.

¿Se ha prestado usted para que le lean la buena ventura (suerte)?, ¿ha ido para que le lean la palma de la mano, o para que le adi­vinen su futuro con las cartas, o las barajas, o con bolas de cristal o de otro modo?

¿Practica usted la telepatía, la cábala, el horóscopo, la astrología, la clarividencia, el vudú o cosas similares?, ¿ha consultado a al­gún médium, ha asistido a alguna reunión espírita, o ha tratado de comunicarse con los espíritus de los muertos o los llamados bue­nos espíritus?, ¿ha asistido a alguna sesión para hacer temblar la mesa, o hacer flotar los objetos, o para ser hipnotizado, o para hip­notizar?

Estando enfermo ¿ha seguido tratamien­tos curativos de magia, encantamiento, espi­ritismo, trance, etc.?

¿Lee diariamente su horóscopo en la prensa diaria?, ¿se guía por la astrología?, ¿lee libros y literaturas de ocultismo, rencar­nación, sueños, magia negra?

¿Sigue y practica enseñanzas, que preten­den tener apoyo en la Biblia pero, que son un ejercicio del llamado poder de la mente humana que tanto se presta para la interven­ción de los poderes de las tinieblas, ya que son un rechazo tácito al poder de Dios?

¿Sabe usted que todas las practicas de ocultismo, en todas sus fases y modalida­des son condenadas por la Santa Palabra de Dios, porque son una abominación a Dios y una maldición al hombre?, ¿sabe que en to­das esas prácticas de ocultismo está bregan­do con los poderes demoniacos e infernales, y que por consiguiente es para su propia rui­na, miseria y destrucción?

Puede que usted actualmente este pade­ciendo alguna triste situación o problema fí­sico, mental, moral, síquico, espiritual, con­yugal; que tuvo su origen en alguna practica de ocultismo realizada por usted en el pa­sado.

Leamos lo que Dios dice en la Biblia con relación al ocultismo, en sus variadas prac­ticas y modalidades, y citamos: “No sea ha­lado en ti quien haga pasar a su hijo por el fue­go, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas” (Deuteronomio18:10-12). “No os volváis a los encantadores, ni a los adivi­nos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios” (Levítico 19:31).

Amigos míos, existen solamente dos fuentes de información y conocimientos para el hombre: Dios o el diablo.

Uno puede allegarse a Dios en el nombre de JESUCRISTO, nuestro Redentor y Aboga­do; y recibir ayuda, orientación, conocimien­to, dirección, salud, salvación y toda clase de bendición.

La única otra alternativa es el OCULTISMO. Y detrás de la puerta del ocultismo hay alguien oculto, Satanás, con sus poderes infernales y de tinieblas, los cuales disfraza y presenta de muchas maneras: unas grotescas y otras refina­das; pero todas son una abominación o insulto a Dios, una maldición y desgracia al hombre, y una trampa y delicia de Satanás.

Satanás es llamado “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). El mandamiento divino dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3).

El dios de este siglo, Satanás, acomoda a sus víctimas dándoles conocimiento oculto, riquezas, placeres, posiciones, etc. Pero des­pués les cobra demasiado caro, fatal y eter­namente caro en los tormentos del infierno, y del lago de fuego y azufre, preparado para el diablo, y sus ángeles, y sus seguidores y sus víctimas.

El rey Saúl consultó a un médium, a la pitonisa de Endor, y dice la Biblia: “Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella… Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos su varones” (1 Samuel 31:4-6). “Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la Palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina, y no consultó a Jehová; por esta cau­sa lo mató, y traspasó el reino a David hijo de Isaí” (1 Crónicas 10:13, 14).

Toda persona que se envuelve en las prácticas del ocultismo le abre la puerta y la oportunidad a los poderes infernales, y a las actividades demoniacas en su vida. Por esto unos viven deprimidos, ansiosos, desespera­dos, indiferentes, irresponsables, nerviosos, intranquilos, miedosos, asustados alocados, locos, endemoniados, furiosos, con comple­jos de grandeza, alucinados, belicosos, ira­cundos, soberbios, alcohólicos, fumadores, drogadictos; pervertidos sexualmente, prac­ticando la fornicación, el adulterio, el amor libre, la sodomía, el lesbianismo, la promis­cuidad, el nudismo; haraposos, hediondos, sucios, desgreñados; rebeldes contra la au­toridad, y blasfemos contra Dios; hablando solos, con ojos vidriosos, semblante hosco y perverso; con padecimientos físicos crónicos y hasta desconocidos, que la ciencia nada puede hacer; con problemas maritales, fa­miliares, pleitos, discordia, rencillas, violen­cias, crimen, suicidio.

Y para usar el texto bíblico, con relación al poder de los demonios sobre aquellos que se someten, citamos a San Pablo en 2 Timo­teo 3:1-5, como sigue: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios blas­femos, desobedientes a los padres, ingratos, im­píos, sin afecto natural, implacables, calumniado­res, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amado­res de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad.”

Y sobre el mismo tema, vuelve a escribir San Pablo a los romanos, citamos: “Pues ha­biendo conocido a Dios, no le glorificaron como Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecie­ron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorrupti­ble en semejanza de imagen de hombre corrup­tible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó (los dejó a la merced de los demonios) a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira (cambiaron a Dios por el diablo), honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador… Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza (lesbianismo), y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres (sodomía), y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravió… atestados de toda injustica, fornicación, perversi­dad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homici­dios, contiendas, engaños y malignidades; mur­muradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quie­nes habiendo entendidos el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Romanos 1:21-32).

Esa es la horrenda cosecha y las degra­dantes consecuencias de las practicas del ocultismo, y usted no puede librase a sí mismo porque se ha vendido, es esclavo, no puede librarse real y permanentemente de un hechizo con otro hechizo.

Todos los que deseen ser librados, sean inconversos o sean convertidos, del ocultis­mo y de esos espíritus engañadores les deci­mos que hay un solo camino de escape, hay una sola vía de liberación, y ese es nuestro Señor Jesucristo.

Nuestro Señor Jesucristo dijo: “El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungi­do para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los cie­gos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18, 19). “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

Nuestro Señor Jesucristo es nuestro gran libertador, el conquistador de nuestra liber­tad, el invencible, el fuerte en batalla, que marcha en la grandeza de su poder (Isaías 63:1). “Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste an­duvo haciendo bienes y sanando a todos los opri­midos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38). “Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triun­fando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15).

Si amados, nuestro Señor Jesucristo es la luz que nos liberta de las tinieblas del ocul­tismo en todas sus ramas. Dios “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Para re­cibir esta gran liberación, para romper esas terribles cadenas, para soltar esas fuertes ataduras, para vencer esas fuerzas demonia­cas; es necesario, es indispensable aceptar a Jesucristo como Salvador y Libertador.

Si usted desea realmente ser libre del poder de Satanás, del poder del pecado, del poder de los vicios, de toda creencia y practica que es abominable a Dios; entonces, arrepiéntase de todo eso, acepte al Señor Je­sucristo como su Señor y Salvador; y Dios le libertará, le perdonará, le dará gozo y paz. Dios le bendiga

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