PORTADORES DE LAS AGUAS DE BENDICIÓN

Llenos por la fe, enviados a bendecir.

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EL LLAMADO Y LA VISIÓN DE EZEQUIEL

En el libro del profeta Ezequiel nos encontramos con un hombre llamado por Dios para ministrar al pueblo del Señor que está en cautiverio. Ezequiel fue fortalecido, capacitado y enviado por Dios. Él contempló la decadencia espiritual que hubo en Israel que provocó que la gloria de Dios abandonara el templo (Ezequiel 8–11). Pero luego pudo contemplar cómo la gloria de Dios regresaba al templo (Ezequiel 40–48).

En el capítulo 47, él describe la visión relacionada con las aguas que salían del santuario de Dios. Cuando analizamos este capítulo nos encontramos con unas lecciones espirituales para nuestra vida. Vemos lo que somos, desde la perspectiva de Dios. Además, cuál es nuestra responsabilidad y privilegio como instrumentos o vasos en las manos de Dios.

IDENTIDAD: SOMOS EL TEMPLO DE DIOS

Al aplicar esta porción de las Escrituras a nuestra vida, nos damos cuenta de que somos santuario de Dios. Pues la Palabra de Dios establece que somos «templo del Espíritu Santo» (1 Corintios 6:19). Como templo de Dios somos fuentes o portadores de los que fluyen las aguas de bendición y gracia divina. El Señor Jesús dijo: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva» (Juan 7:37-38).

EL FUNDAMENTO DE LA FE VERDADERA

El ser llenos de las aguas de la bendición es producto de la fe. El Señor dijo: «El que cree en mí». No dijo el que cree en las instituciones políticas, religiosas, económicas. Tampoco dijo: el que cree en las palabras de los hombres. Él dijo: El que cree en mí. Es solamente en Él. Él es el fundamento de nuestra fe. Muchos tambalean y caen porque ponen su confianza en las instituciones o en las cosas terrenales. Por eso, cuando vienen los vientos son como la «onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra» (Santiago 1:6).

ACTIVADOS POR EL ESPÍRITU SANTO

Pero los que fundamentan su fe en los postulados de la Palabra de Dios, sus vidas se convierten en fuentes, cuando las lluvias de la bendición de Dios llenan nuestro interior de la presencia sublime y maravillosa del Espíritu Santo. Por lo tanto, nos convertimos en portadores de las aguas de la bendición.

RECURSOS Y MISIÓN: SALIR A DONDE ESTÁ LA NECESIDAD

Dios ha dado talentos, dones y operaciones con el propósito de que Su Nombre sea engrandecido. Es necesario el recurso humano, económico, profesional y técnico para que la Obra de Dios se pueda desarrollar como todo un buen organismo que está bien organizado. Por lo tanto, es necesario correr hacia fuera, hacia los lugares donde existe la verdadera necesidad.

«Cuando comenzamos a dar, comenzamos a recibir». ¡Dios le bendiga!

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