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Héroes de la Fe
21 de Diciembre del 2015

El reformador de Suiza

Considerado como el tercer reformista más importante de la historia del cristianismo, Ulrico Zuinglio defendió el valor de la Biblia y realizó un ataque sistemático a toda práctica religiosa contraria a las Escrituras.

  • El reformador de Suiza

Teólogo, pastor y reformador de origen suizo, Ulrico Zuinglio, nacido el 1 de enero de 1484, es considerado como el tercer reformista más importante de la historia del cristianismo después de Martín Lutero y Juan Calvino. Hombre de fe profunda y cuyo nombre aparece mencionado en múltiples variantes, como Ulrich Zwingli, Huldreich Zwingli y Huldrych Zwingli, predicó contra las degeneraciones de las devociones y prácticas populares, y propugnó el retorno a la iglesia primitiva y a las Sagradas Escrituras como única fuente de revelación.

Criado en el seno de una familia campesina que gozaba de una gran prosperidad económica, Ulrico vivió arropado por el Evangelio y rodeado de ocho hermanos, dos de los cuales murieron prematuramente. Recibió desde niño una esmerada educación, que lo convirtió en una de las figuras más destacadas del humanismo europeo de finales del siglo XIV y comienzos de la siguiente centuria. Cursó, en efecto, estudios de música, gramática y filosofía escolástica en los mejores colegios de Basilea y Berna, y pasó en 1498, a los catorce años de edad, a la Universidad de Viena.

Luego, en 1502, Zuinglio ingresó a la Universidad de Basilea donde siguió ampliando sus conocimientos, bajo el influjo del teólogo Tomás Wyttenbach, hasta graduarse como magister en artes en 1505. Después, Ulrico dedicó seis intensos meses al estudio de la teología cristiana, de tal modo que, en el verano de 1506, alcanzó el grado de ministro de Dios y fue designado pastor de la iglesia de Glaris, localidad cercana a su tierra natal de Wildhaus. En esta histórica ciudad suiza, dominada por la religión tradicional, sirvió al Señor por espacio de diez años.

Renovada fe

En el final del año 1516, Ulrico Zuinglio se asentó en la ciudad de Einsiedeln, célebre por su gran belleza, donde reanudó su pasión por los estudios teológicos y humanísticos. Replegado sobre sí mismo, releyó con gozo las obras de los padres de la fe evangélica y llegó a aprender la lengua griega de forma autodidacta para poder conocer la versión original del Nuevo Testamento. Influido por Erasmo de Rotterdam, Ulrico concibió el propósito de emprender su propia reforma, basada en la propuesta de enfatizar la validez de la Biblia como única guía del comportamiento cristiano.

Entonces, Zuinglio se consagró al estudio pormenorizado de la Biblia, desde sus fuentes más remotas, sin abandonar su actividad de predicador, en la que cada alcanzó mayor renombre. Tanto fue así, que en 1518 fue llamado a Zúrich, principal ciudad de Suiza, para que hiciese públicas sus prédicas desde el púlpito del templo central de la urbe. Allí fue donde comenzó a dejar patente sus primeros afanes reformistas, al aplicar en sus prédicas una lectura cronológica de las Sagradas Escrituras, frente al orden clásico del año litúrgico establecido por la iglesia tradicional.

El entusiasmo de Ulrico por la Biblia fue tan grande que se dedicó a copiar casi todas las cartas de Pablo y memorizar el Nuevo Testamento en griego. Aunque Zuinglio permaneció dentro del catolicismo por unos pocos años más; sin embargo, a partir de ese momento su teología comenzó a evolucionar. Renovado en su fe, comenzó a estudiar también el hebreo para poder leer el Antiguo Testamento en su idioma original. Además, atacó la venta de las indulgencias y realizó un ataque sistemático a toda práctica religiosa contraria a las Escrituras.

En 1519, año en el que una plaga azotó la ciudad de Zúrich, Zuinglio cayó al borde de la muerte. Entonces, a punto de morir, se percató que solo podía poner su confianza en la misericordia de Dios y así lo hizo. Luego, cuando recuperó su salud, Ulrico se alzó como un hombre cambiado, decidido a no poner su confianza nunca más en las cosas creadas, ni en los santos y mucho menos en los sacramentos inventados por el hombre. De inmediato, él hizo todo lo que estuvo a su alcance para guiar el corazón de la gente de los ídolos a los pies del Señor.

Ruptura con Roma

Los problemas de Ulrico con la iglesia católica se agudizaron en 1522 cuando Francisco I, rey de Francia y aliado del papa, pidió a la Confederación Suiza que le enviara soldados en calidad de mercenarios para su guerra contra Carlos V. Todos los cantones suizos accedieron a la petición, pero Zúrich se negó por consejo de Zuinglio. Luego, durante la Cuaresma de aquel año, sucedió un episodio que terminó de ahondar sus diferencias. Algunos cristianos realizaron una cena con salchichas, en vez de pescado, y desafiaron la práctica establecida por los católicos.

Dos semanas después Zuinglio abordó el tema directamente en una prédica, titulada “Sobre la elección de los alimentos y la libertad de tomarlos”, que fue publicado en abril de ese mismo año. En este manifiesto, Ulrico defendió la libertad del cristiano a no someterse a mandamientos de hombres, lo que implicaba que no estaban obligados a obedecer de forma incondicional el dictamen de la iglesia tradicional. De inmediato, Zúrich se dividió entre partidarios y detractores de las reformas planteadas por el teólogo y se produjo una serie de disturbios.

En agosto de 1522, Ulrico renunció definitivamente a la iglesia católica y para ello alegó que esta se fundamentaba en leyes humanas. A pesar de esto, algunos radicales quisieron que fuera más rápido y decidido en sus reformas; pero él entendió que el secreto de la reforma consistía en la transformación del corazón de los hombres con el poder del Evangelio. En aquel tiempo, Zuinglio también publicó una de sus obras más importantes sobre el poder y la eficacia de la Palabra de Dios. En su escrito afirmaría que la humanidad anhela la luz del Señor.

Poco a poco, su afán renovador le llevó a extremar su desacuerdo con los católicos en todas sus instancias, puesto que, al margen de desautorizar tajantemente las disposiciones humanas de las altas jerarquías eclesiásticas, censuró abiertamente la veneración que el pueblo llano profesaba a los santos, así como los vicios y la vida relajada que practicaban muchos miembros de las órdenes religiosas y gran parte de la población suiza. Exigió a los predicadores que, en sus mensajes, sólo difundiesen lo establecido literalmente por la Biblia.

Prolífica labor

A comienzos de 1523 sucedió la denominada “Primera disputa de Zúrich”, en la que el consejo local debatió a profundidad la posibilidad de que existiera algún atisbo de herejía en la labor de Zuinglio. El teólogo Juan Faber, apodado el “Martillo de los herejes”, se hizo presente en el debate, al frente de una delegación enviada por el obispo de Constanza. Empero, los regidores de Zúrich no solo encontraron a Ulrico libre de culpa, sino que decidieron que el resto de los predicadores de la ciudad se guiasen a partir de entonces por las Escrituras.

La disputa concluyó además con la plena aceptación de las 77 conclusiones presentadas por el teólogo oriundo de Wildhaus, resumidas en dos sencillos lemas que expresaban su propuesta reformadora: “solo Cristo” y “solo la Biblia”. Aquel momento, también coincidió con la redacción de algunas de sus principales obras como “El pastor”, que expone las virtudes de un predicador fiel al Evangelio; “Comentario sobre la verdadera y la falsa religión”, que enumera los principios de la fe evangélica; y “Profecía”, un riguroso curso de interpretación de la Biblia.

Bajo la dirección de Zuinglio, hubo rápidos cambios en Zúrich. Se estableció un sistema de educación pública general, sin distinción de clases. Al mismo tiempo, predicadores y laicos, afines a Ulrico, propagaron el Evangelio por otros cantones suizos. Pronto algunas regiones helvéticas se volvieron cristianas, mientras otras continuaron obedientes a Roma y su jerarquía. Esta divergencia religiosa se sumó a otras diferencias profundas, y la guerra civil llegó a parecer inevitablemente. En octubre de 1531, cinco cantones católicos atacaron a Zúrich por sorpresa.

El 11 de octubre de 1531, en la localidad de Kappel, la coalición católica, que duplicaba en efectivos humanos a las fuerzas de Zúrich, derrotó sin atenuantes a sus enemigos. En apenas una hora de combate perdieron la vida medio centenar de zuriqueses, entre ellos Ulrico Zuinglio, quien antes de caer batido gritó: “ustedes pueden matar mi cuerpo, pero no pueden matar mi alma”. De este modo, el reformador de Suiza entró a la historia del cristianismo y dejó intacto un mensaje trascendente sobre el valor de las Sagradas Escrituras y el Poder del Señor.

Por Javier Fernández.. 

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