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Héroes de la Fe
12 de Mayo del 2015

El avivamiento de la calle Azusa

El cristianismo fue cambiado para siempre por el avivamiento producido en el corazón de Los Ángeles a principios del siglo pasado. Las reuniones, dirigidas por William J. Seymour, pastor afroamericano, se transformaron en un momento decisivo en la historia del cristianismo.

  • El avivamiento de la calle Azusa

Pocos eventos han influido tanto en la his­toria de la Iglesia moderna como el famoso avivamiento de la calle Azusa, ocurrido entre 1906 y 1909, que abriera el camino para la renovación pentecostal que alcanzó a todo el mundo en el siglo XX. De este avivamiento ha surgido un movimiento que en 1980 con­taba con más de 50 millones de pentecostales clásicos, en incontables iglesias y obras mi­sioneras en prácticamente todas las naciones del mundo. Además de estos pentecostales, hay innumerables carismáticos en cada deno­minación, parte de los cuales tienen raíces que pueden remontarse a las reuniones realizadas en la obra misionera de la calle Azusa.

Personajes y lugares clave en este evento fueron Charles Parham, maestro; William J. Seymour, predicador; la ciudad de Los Ánge­les; Frank Bartleman, periodista; y el edificio de la obra misionera de la calle Azusa. En un pasaje de apenas dos cuadras en el centro de Los Ángeles, Azusa 312 es la dirección más famosa de la historia pentecostal-carismática.

PADRE TEOLÓGICO

Aunque no estuvo presente en el comienzo del avivamiento de la calle Azusa, Charles Parham fue, en muchos sentidos, el padre teológico de este. Parham era un ministro me­todista en Kansas y en 1898 inició un hogar de sanidad en la ciudad de Topeka, donde se invitaba a los alumnos a estudiar las Escritu­ras en la comunidad de un pequeño instituto bíblico. Los alumnos no pagaban por sus es­tudios, sino que se les requería que “vivieran en fe”. En 1900 tenía aproximadamente 40 alumnos en una mansión en las afueras de To­peka, cuyos cuartos de ladrillos estaban distri­buidos en forma irregular.

En enero de 1901, una de las alumnas de Parham, una joven de 18 años llamada Agnes Ozman, fue bautizada en el Espíritu Santo y comenzó a hablar en otras lenguas, según el Espíritu le daba. Esto vino como resultado de un intenso estudio de las Escrituras en cuanto a la “evidencia” de haber recibido el Espíritu Santo. A partir de esta experiencia, Parham construyó su teoría de que el hablar en lenguas era la evidencia bíblica de que alguien había sido bautizado en el Espíritu Santo.

Desde 1901 a 1905, Parham y sus segui­dores predicaron el mensaje pentecostal en el oeste medio de Estados Unidos y ganaban conversos dondequiera que iban. En 1905 mudó el instituto a la ciudad de Houston y desde allí evangelizó a todo el estado de Texas y el sudoeste norteamericano. Hasta 1908 pudo ganar aproximadamente 25,000 seguidores en varios estados. Sin embargo, fue en Houston donde un predicador negro del sur, llamado William J. Seymour, se unió a su instituto bíblico y cambió el curso de la historia del cristianismo moderno. A pesar de las leyes segregacionistas que regían en el sur, Seymour pudo asistir a las clases dicta­das por Parham.

CRÓNICA DE AZUSA

El diario personal de Frank Bartleman y las notas que escribió para la prensa de la San­tidad constituyen el material más completo y confiable sobre lo sucedido en la calle Azusa. Su vida fue, de diversas maneras, una prepa­ración para que él pudiera registrar lo sucedi­do en las reuniones que encabezó Seymour. Es probable que sin sus relatos el movimiento pentecostal no se hubiera expandido tan rá­pidamente ni habría logrado el alcance que consiguió. Su actividad periodística no solo informó al mundo sobre el movimiento pen­tecostal, sino que también, en gran medida, ayudó a darle forma.

De acuerdo con los escritos de Bartleman, Seymour recibió en 1906 una invitación para predicar en una iglesia nazarena negra en Los Ángeles, pastoreada por una predicadora, la Rev. Sra. Hutchinson. Al llegar a Los Án­geles, en la primavera de 1906, Seymour se encontró con una ciudad de 228,000 habitan­tes que crecía un 15% cada año. La atención religiosa de la ciudad se dividía entre muchas creencias extrañas y una gran diversidad de denominaciones. Los Ángeles era un crisol, una metrópolis en la que podía encontrarse a numerosos mexicanos, chinos, rusos, griegos, japoneses, coreanos y anglo-estadounidenses.

Cuando Seymour predicó su primer men­saje, proclamando la teoría de la “evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo”, fue echado de la iglesia nazarena. El predicador errante fue entonces invitado a quedarse en el hogar de Richard Asbury, en la calle Bonnie Brae, hasta que pudiera arreglar lo necesario para volver a Houston, pero Seymour estaba destinado a pasar el resto de su vida en Los Ángeles, debido al poderoso avivamiento que se desató poco después.

Aunque él todavía no había hablado en lenguas cuando fue echado del templo de la pastora Hutchinson, Seymour lo hizo poco después, en la casa de los Asbury. Las reunio­nes caseras de oración pronto dejaron paso a reuniones en las que cientos de personas lle­naban la casa hasta el pórtico, ansiosas por escuchar a Seymour y sus seguidores que ha­blaban en lenguas. Pronto la cantidad de gente que asistía creció tanto que fue necesario en­contrar una nueva “sede” para este grupo en rápido crecimiento.

La búsqueda de un lugar en el centro de Los Ángeles produjo como resultado el ha­llazgo de un viejo edificio abandonado en la calle Azusa, que había sido utilizado sucesiva­mente como templo de una iglesia metodista, establo y depósito. En 1906 estaba en ruinas, pero era adecuado para los pentecostales, que comenzaron a practicar sus cultos allí en abril del mismo año.

El avivamiento continuó durante tres años y medio en Azusa. Las reuniones se realiza­ban tres veces por día: mañana, tarde y noche. Hablar en lenguas fue la atracción principal, pero la sanación de los enfermos no le andaba lejos. Las paredes pronto quedaron cubiertas de las muletas y los bastones de los que fueron milagrosamente sanados. Pronto se hizo ob­vio que Seymour era la personalidad líder en el Pentecostés de Los Ángeles. Se convirtió en el pastor de la Iglesia y continuó siéndolo has­ta su muerte, en 1929. A pesar del hecho de que Seymour era negro, muchos de sus segui­dores fueron blancos. Y aunque al principio del avivamiento predominaron los negros, en el momento de mayor desarrollo los blancos fueron mayoría.

IMPACTO PODEROSO

En poco tiempo el avivamiento de la calle Azusa se transformó en un mover del Espí­ritu Santo en el mundo. Las cinco enseñanzas principales de Azusa sirvieron como pautas por las que se rigió esta primera oleada de pentecostales: (1) justificación por fe; (2) san­tificación como obra concreta de la gracia; (3) el bautismo en el Espíritu Santo, evidenciado por el hablar en otras lenguas; (4) la sanidad divina; y (5) el arrebatamiento personal en la segunda venida de Cristo. Seymour y sus se­guidores priorizaron estas enseñanzas durante todos los años que funcionó la obra misionera.

Es posible que el legado de la calle Azusa que haya tenido un alcance mayor, sea su en­señanza y práctica del poder dado por el Es­píritu Santo para el evangelismo. Empero, por encima de todo, este avivamiento fue un mo­vimiento misionero por excelencia. Fueron muchos los predicadores que iban y venían durante el despertar religioso liderado por el pastor Seymour. Pocos meses después de que comenzaran las reuniones, el diario cristiano Apostolic Faith informó sobre avivamientos pentecostales en Nueva York, Londres, Oslo, Estocolmo y la India.

Nunca, desde los tiempos de la Iglesia an­tigua, se había extendido un movimiento de avivamiento tan lejos y con tanta rapidez. La fascinación de las lenguas, las sanaciones y los exorcismos, atrajeron a multitudes, y sin el uso de los medios de publicidad. Durante to­dos los días de gloria, la calle Azusa nunca se anunció en los periódicos locales ni con carte­lones. La noticia del avivamiento se esparció localmente de forma oral. Los periódicos de Los Ángeles escribieron artículos difamato­rios y racistas, pero esto solo sirvió para atraer muchedumbres mayores.

Al final, los peregrinos de la calle Azusa propagaron la noticia por el mundo entero, se fundaron miles de iglesias y se convirtieron millones de personas. Hoy se calcula que la mayor parte de las conversiones procedentes del paganismo se produce gracias a esfuerzos pentecostales y carismáticos.

 

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