LAS AGUAS de la piscina permanecían en calma aquella tarde de enero de 2020. A su alrededor se encontraban familiares, amigos cercanos y algunos compañeros de fe que habían acompañado su encuentro con Dios durante los últimos años.
No había miles de aficionados en las tribunas ni cámaras de televisión siguiendo cada uno de sus movimientos. Esta vez, Roberto Firmino Barbosa de Oliveira, futbolista brasileño de gran presencia mundial, enfrentaba uno de los momentos más importantes de su vida.
Mientras descendía a las aguas del bautismo, en el hogar del arquero brasileño Alisson Becker, el delantero que había conquistado Inglaterra con el Liverpool FC comprendía que ninguna victoria deportiva podía compararse con la decisión que estaba tomando.

Durante años había levantado trofeos, celebrado campeonatos y recibido el reconocimiento de millones de personas. Sin embargo, en aquel instante, toda la atención estaba puesta en algo mucho más profundo: la muerte para el mundo y el nacimiento para Cristo.
Minutos después testificaría a través de una breve frase su experiencia: «Jesús es amor. No hay explicación. Solo cree». Aquellas palabras no nacieron de una emoción pasajera. Eran el resultado de un proceso.
Hacia la élite Mucho antes de convertirse en una de las estrellas del fútbol mundial, Roberto Firmino era un niño que crecía en los barrios humildes de Maceió, en el estado brasileño de Alagoas. Como miles de jóvenes brasileños, encontró en el fútbol una oportunidad para cambiar su futuro.
Con esfuerzo y perseverancia fue avanzando hasta llegar al fútbol profesional gracias al Figueirense FC. Su talento llamó la atención de clubes europeos y pronto emprendió el viaje que transformaría su carrera.
Con la camiseta del Liverpool FC se convirtió en una de las principales figuras del equipo. Ganó la Liga de Campeones de Europa, la Premier League, el Mundial de Clubes y diversos títulos que lo colocaron entre los delanteros más destacados de su generación.
El encuentro A diferencia de otros testimonios de conversión, Firmino nunca ha relatado una experiencia sobrenatural repentina. Su acercamiento a Cristo ocurrió de manera progresiva.
La influencia de su esposa Larissa Pereira fue fundamental en ese proceso. También desempeñaron un papel importante las amistades cristianas que cultivó dentro del fútbol profesional, especialmente la familia de Alisson Becker.
Años después reconocería que desde su encuentro con Cristo algo comenzó a arder dentro de su corazón.
A medida que su relación con Dios se fortalecía, Roberto Firmino y su esposa, Larissa Pereira, comenzaron a sentir el deseo de servir al Señor más allá de su testimonio personal.
Impulsados por ese llamado, participaron en la fundación de la Iglesia Manah, en el año 2021, en la ciudad de Maceió, Brasil, con el propósito de compartir el Evangelio y acompañar espiritualmente a las personas.
Años más tarde, en junio del 2024 fue ordenado como pastor y hoy anuncia las Buenas Nuevas del Salvador.
