VIOLENCIA QUE NO SE DETIENE
Las comunidades cristianas siguen llorando. En Plateau, cinco cristianos fueron asesinados entre el 3 y el 5 de septiembre, entre ellos Bulus Danladi, de 78 años, y Kwopnaan Lot Yunana, de 33.
El 6 de septiembre, en Nzangula, Adamawa, 12 cristianos fueron asesinados en un ataque atribuido a Boko Haram. Testimonios reportaron disparos contra habitantes, viviendas incendiadas y la quema de una iglesia de la Iglesia de los Hermanos de Nigeria (EYN).
El 10 de septiembre, Ayilamo, Benue, fue atacada por hombres armados. Murieron 11 personas: siete civiles y cuatro policías. Los siete civiles fueron identificados como cristianos y fuentes locales atribuyeron el ataque a presuntos militantes fulani.
En Plateau, entre el 11 y el 12 de septiembre, otros cuatro habitantes fueron asesinados en comunidades de Mangu. Entre ellos estaba Geoffrey Gumut, de 55 años, quien fue encontrado decapitado. El 13 de septiembre, 13 personas más murieron en ataques contra pasajeros y comunidades de la zona.
Y la violencia continuó el 15 de septiembre. Hombres armados atacaron la comunidad de NTV, en Barkin Ladi, y asesinaron a tres vigilantes que protegían a los residentes y sus viviendas. El ataque ocurrió alrededor de las 11 p. m., pocas horas antes de la visita del Inspector General de Policía a Plateau.
¿QUIÉNES ESTÁN DETRÁS?
Boko Haram es un grupo yihadista islamista que busca imponer su interpretación radical de la ley islámica y que durante años ha atacado a civiles, iglesias y comunidades cristianas en el noreste de Nigeria. Entre los grupos armados vinculados a la violencia fulani también existen militantes de orientación islamista, aunque el conflicto entre pastores y agricultores tiene además causas relacionadas con tierras, agua, recursos y disputas étnicas.
UNA VIOLENCIA QUE DEJA HUELLA
Más allá de las cifras, los ataques están dejando comunidades desplazadas, familias destruidas y temor entre poblaciones que viven bajo una amenaza constante. Los reportes de septiembre muestran que la violencia continúa afectando especialmente a zonas donde existen comunidades cristianas.
No sólo se han arrebatado vidas, sino también se han desplazado comunidades. Pese a ese gran dolor, la Iglesia en Nigeria sigue avanzando.