La reciente masacre ocurrida en Kenscoff, cerca de Puerto Príncipe —donde fueron asesinadas al menos 47 personas, más de 50 fueron secuestradas y personas que habían buscado refugio en una iglesia fueron ejecutadas— nos lleva a investigar qué se mueve detrás de esta violencia que, en muchos casos, está relacionada con la lucha por el control territorial y criminal.
LA IGLESIA, LA RESERVA MORAL
Haití enfrenta un Estado profundamente debilitado, mientras las pandillas controlan o ejercen influencia sobre alrededor del 85 % del área metropolitana de Puerto Príncipe, según la ONU, creando incluso formas de gobernanza criminal paralela. Tras el fin del Consejo Presidencial de Transición, el Gobierno intenta recuperar el control y avanzar hacia nuevas elecciones.
En medio de esta debilidad de la autoridad estatal, la Iglesia permanece como una de las pocas instituciones capaces de denunciar los abusos, sostener a las víctimas y enfrentar moralmente el poder de los grupos armados.
Una encuesta nacional de 2012-2013 encontró que el 43,2 % de los haitianos de 10 años o más se identificaba como protestante, principalmente bautistas y pentecostales. Aunque no existen datos censales recientes que permitan medir su evolución hasta 2026, estas cifras muestran que, aun en medio de la violencia, la fe cristiana mantiene profundas raíces en el pueblo haitiano.
En abril del 2023, el pastor haitiano Joseph Patrice Aristhome convirtió su iglesia en refugio cuando las pandillas expulsaron a cientos de personas de su comunidad. Y así, en sólo dos semanas unos 350 desplazados llegaron al templo, y decenas permanecían allí mientras seguían llegando nuevas familias. Allí recibieron alimentos, ayuda para conseguir vivienda y continuar sus estudios.
Aquella realidad se reflejó en Kenscoff, donde personas desplazadas que buscaron refugio en una iglesia fueron asesinadas por las pandillas.
NO SON SIMPLES PANDILLAS: ASÍ FUNCIONA EL PODER CRIMINAL
Detrás de la violencia en Haití no hay solamente pandillas aisladas. Viv Ansanm es una coalición de grupos armados formada en 2023, que reúne a las principales estructuras criminales de Puerto Príncipe y busca ampliar y consolidar su control territorial. Naciones Unidas documentó ataques cometidos por ese grupo contra cárceles, edificios del Gobierno, el aeropuerto y otras zonas estratégicas.
El territorio es la base de su poder: controlar barrios, carreteras, puertos y puntos de acceso permite vigilar el movimiento de personas y mercancías, cobrar extorsiones y facilitar actividades como secuestros y tráfico de drogas y armas. En este entramado criminal, la ONU identifica a 5 Segond, integrante de Viv Ansanm, y a su líder, Johnson André, alias “Izo”, vinculados al tráfico de drogas y armas.
HAITÍ, UN CORREDOR DEL CRIMEN TRANSNACIONAL
Haití también forma parte de rutas internacionales del narcotráfico. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), la mayor parte de la cocaína que transita por Haití parece tener origen en Colombia, mientras las rutas pueden involucrar a República Dominicana y otros territorios del Caribe. Entre los destinos identificados figuran Estados Unidos, Canadá, Francia y Suiza.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a través de su Grupo de Expertos sobre Haití, documentó que Johnson André, alias “Izo”, líder de 5 Segond, grupo integrante de Viv Ansanm, recibía apoyo de otras bandas para trasladar drogas procedentes de América del Sur desde Village de Dieu hasta Port-de-Paix y fuera de Haití.
Pero el crimen transnacional también incluye trata de personas. Las autoridades han documentado que las pandillas explotan a mujeres y utilizan a niños en actividades de trata. Además, algunos menores son empleados para labores de vigilancia y participan en ataques.
¿POR QUÉ IMPORTA TODO ESTO A LOS MISIONEROS?
Jesús nos llamó a ser “prudentes como serpientes, y sencillos como palomas” (Mateo 10:16, Reina-Valera). Conocer la realidad de Haití no significa actuar con temor, sino con discernimiento, preparación y oración. Quien sirve al Señor en territorios de alto riesgo debe entender el contexto, evaluar los peligros y confiar en Dios sin ignorar la realidad que lo rodea.