Estudios científicos e históricos evidencian que las espinas de la corona que llevó Jesucristo no eran solo decorativas, pues estas medían hasta 3 cm de largo y podían causar un dolor eléctrico insoportable.
Los investigadores apuntan a las plantas Ziziphus spina-christi y Paliurus spina-christi como las productoras de esas espinas, ya que ambas especies abundaban en los alrededores de Jerusalén y a orillas del río Jordán hace 2000 años. Además, la flexibilidad de sus ramas permitía a los soldados romanos trenzarlas con mayor facilidad para burlarse rápidamente del «Rey de los Judíos». A ello se suma que los restos de polen hallados en el Sudario de Turín contenían muestras moleculares de la familia botánica de aquellas plantas.
Las espinas de cualquiera de estas plantas, al introducirse en el cuero cabelludo, podían producir una hemorragia masiva, ya que esta parte del cuerpo es una de las zonas más vascularizadas. Las espinas de hasta 3 cm lograban atravesar fácilmente la piel y el tejido subcutáneo, perforando las arterias supraorbitarias, temporales y occipitales. Esto provocaba un sangrado profuso que empapaba rápidamente el rostro y los ojos.
UN DOLOR INSOPORTABLE
Las puntas presionaban directamente las terminaciones del nervio trigémino y del nervio occipital mayor. El estímulo constante en estos nervios genera un dolor agudo y punzante de tipo eléctrico, considerado médicamente como uno de los dolores más intensos que existen.
Debido a que ambas plantas poseen espinas secundarias curvadas, una vez que entraban en la piel se enganchaban en el tejido, produciendo un efecto de anzuelo. Cualquier intento de mover, reajustar o retirar la corona desgarraba la carne hacia afuera, expandiendo las heridas.
«Y le vistieron de púrpura, y trenzando una corona de espinas, se la pusieron. Y comenzaron a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían…»
La corona de espinas no fue solo una burla, fue un instrumento de tortura que causó un dolor neurológico insoportable. Ante una realidad tan brutal, nos queda reflexionar sobre ese inmenso amor que lo impulsó a darlo todo por nosotros.