“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre… Mi embrión vieron tus ojos”, es lo que precisa Salmos 139:13-16 detallando que el ser humano es alguien que Dios conoce y forma en el vientre materno. Esta afirmación bíblica tiene su respaldo en la genética, la inmunología y la embriología que coinciden en que madre e hijo son dos organismos biológicamente diferentes que interactúan durante el embarazo.
EN LA FECUNDACIÓN EMPIEZA LA VIDA
La embriología identifica la fecundación como el inicio del desarrollo de un nuevo organismo humano.
Cuando el óvulo y el espermatozoide se unen, se forma el cigoto, que posee un genoma propio y comienza un proceso continuo de desarrollo. Este proceso ha sido descrito en los trabajos de los embriólogos Keith L. Moore, T. V. N. Persaud, Ronan O’Rahilly y Fabiola Müller.
EL EMBRIÓN TIENE UN GENOMA PROPIO
La evidencia es aún más concreta desde la genética. Cuando ocurre la fecundación, los cromosomas procedentes del óvulo y del espermatozoide se combinan y se forma el genoma del cigoto, que es un organismo con una combinación genética propia.
Por ejemplo, una madre puede ser: XX y su hijo: XY. Incluso, cuando ambos son XX, el genoma del hijo sigue siendo diferente al de la madre.
Así lo concluyen estudios realizados por Ronan O’Rahilly y Fabiola Müller, quienes dan detalles de su hallazgo en la publicación “Human Embryology & Teratology”. Lo mismo indica una revisión publicada en Annual Review of Genetics, por Enrica Bianchi y Gavin Wright.
Por ello, desde el punto de vista biológico, el cuerpo de la madre y el organismo en desarrollo dentro de ella no son el mismo organismo, aunque exista una profunda dependencia fisiológica entre ambos durante el embarazo.
EL CUERPO DE LA MADRE TOLERA AL FETO
La inmunología explica que el feto tiene características genéticas heredadas del padre, y ante ellas el organismo materno desarrolla mecanismos de tolerancia inmunológica para no rechazarlo. Este aspecto fue estudiado por Adrian Erlebacher.
DEJA CÉLULAS EN EL CUERPO DE SU MAMÁ
Estudios de genética materno-fetal han demostrado que algunas células del hijo pueden pasar al organismo de su madre y permanecer allí incluso después del embarazo. Este fenómeno, denominado microquimerismo fetal, ha sido estudiado por investigadores como Diana W. Bianchi y Kirby L. Johnson, quienes identificaron células fetales genéticamente diferenciables en tejidos maternos. Esto evidencia que durante el embarazo existe intercambio celular entre madre e hijo, cuyos organismos son genéticamente distintos.
También se ha demostrado que durante el embarazo algunas células de la madre atraviesan la placenta y pasan al organismo del feto, donde pueden permanecer incluso después del nacimiento. Este fenómeno, denominado microquimerismo materno, ha sido estudiado por investigadores como J. Lee Nelson y Anne C. Stevens.
La ciencia nos muestra que durante el embarazo existe una relación extraordinaria entre dos organismos biológicamente distintos. Para quienes creemos en Dios y escudriñamos la Biblia, esta realidad adquiere un profundo significado: la vida que se desarrolla en el vientre no es invisible para su Creador.